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Entre luces y sombras, transcurrían los días del bullicio de la ciudad con complementos de personajes que llenaban el lugar con sus proezas. Pero una destaca en su generación, no solo por su belleza, sino, por una luz dorada que cortaba la oscuridad de manera tajante pero conservando su elegancia. Las ilusiones se dispersan como fragmentos de cristal brillante y una figura femenina desciende lentamente del cielo, sus alas de luz despegadas mientras las ilusiones empiezan a distorsionar el entorno a su mero antojo.
Y así pasó el tiempo como era debido, siempre llevando en mano a aquella base con victorias entre manos. Pero entre la naturaleza de la zona, la imagen de un mar de árboles contrastaba contra lo que sería la fachada de un hogar de techos altos, algo grande para que solo una persona viviera en ese lugar pero así lo hacía Seraphine.
Sobre uno de los sofás, los rayos del sol descendían suavemente hasta posarse sobre los cabellos dorados de una fémina cuya mirada parecía mantenerse fuerte, no tensa pues cuidaba de no mostrar demasiado.
—Mi nombre es Seraphine Cassiel… aunque la mayoría ya conoce ese apellido antes que a mí
Su voz suave cortaba sutilmente el ambiente silencioso que podía ofrecer la tranquilidad del bosque.
—Dicen que nací bajo la luz correcta, en el momento correcto, con el linaje correcto.
Supongo que eso suena impresionante….hasta que descubres lo pesado que puede ser y puede que no soy la más fuerte de la Liga, ni soy la más rápida….y definitivamente no soy la más obediente.
Levantaba su mirada lentamente, poniéndola al frente donde una ventana abierta de para en par, permitía entrar una ligera brisa de viento cuyo aroma a pino llenaba hasta los rincones de la habitación.
—Pero veo cosas que otros no ven, la luz no solo ilumina….también engaña, protege, transforma y yo aprendí a hacer lo mismo. Puedo crear ilusiones tan reales que tu mente las acepta como verdad.
Puedo envolver un campo de batalla en espejismos….o convertir el miedo en mi arma más precisa
—Pero no quiero ser la heredera de nadie.
No quiero ser un símbolo vacío…
Mencionaba con un ligero tono entrecortado mientras sujetaba con algo de fuerza los extremos de su vestido, arrugando lo de esa manera un poco pero anclandose de alguna manera al momento.
—Quiero ser la heroína que se queda cuando todos los demás se van
Y finalmente su expresión perdía fuerza, se suavizaba, pero su mirada no pierde firmeza, mantenía algo más, puede que algo de certeza.
—Y si tengo que caer para aprender a volar por mí misma….entonces asegúrate de mirar al cielo, porque no pienso quedarme abajo.
(De mis favs)
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Entre luces y sombras, transcurrían los días del bullicio de la ciudad con complementos de personajes que llenaban el lugar con sus proezas. Pero una destaca en su generación, no solo por su belleza, sino, por una luz dorada que cortaba la oscuridad de manera tajante pero conservando su elegancia. Las ilusiones se dispersan como fragmentos de cristal brillante y una figura femenina desciende lentamente del cielo, sus alas de luz despegadas mientras las ilusiones empiezan a distorsionar el entorno a su mero antojo.
Y así pasó el tiempo como era debido, siempre llevando en mano a aquella base con victorias entre manos. Pero entre la naturaleza de la zona, la imagen de un mar de árboles contrastaba contra lo que sería la fachada de un hogar de techos altos, algo grande para que solo una persona viviera en ese lugar pero así lo hacía Seraphine.
Sobre uno de los sofás, los rayos del sol descendían suavemente hasta posarse sobre los cabellos dorados de una fémina cuya mirada parecía mantenerse fuerte, no tensa pues cuidaba de no mostrar demasiado.
—Mi nombre es Seraphine Cassiel… aunque la mayoría ya conoce ese apellido antes que a mí
Su voz suave cortaba sutilmente el ambiente silencioso que podía ofrecer la tranquilidad del bosque.
—Dicen que nací bajo la luz correcta, en el momento correcto, con el linaje correcto.
Supongo que eso suena impresionante….hasta que descubres lo pesado que puede ser y puede que no soy la más fuerte de la Liga, ni soy la más rápida….y definitivamente no soy la más obediente.
Levantaba su mirada lentamente, poniéndola al frente donde una ventana abierta de para en par, permitía entrar una ligera brisa de viento cuyo aroma a pino llenaba hasta los rincones de la habitación.
—Pero veo cosas que otros no ven, la luz no solo ilumina….también engaña, protege, transforma y yo aprendí a hacer lo mismo. Puedo crear ilusiones tan reales que tu mente las acepta como verdad.
Puedo envolver un campo de batalla en espejismos….o convertir el miedo en mi arma más precisa
—Pero no quiero ser la heredera de nadie.
No quiero ser un símbolo vacío…
Mencionaba con un ligero tono entrecortado mientras sujetaba con algo de fuerza los extremos de su vestido, arrugando lo de esa manera un poco pero anclandose de alguna manera al momento.
—Quiero ser la heroína que se queda cuando todos los demás se van
Y finalmente su expresión perdía fuerza, se suavizaba, pero su mirada no pierde firmeza, mantenía algo más, puede que algo de certeza.
—Y si tengo que caer para aprender a volar por mí misma….entonces asegúrate de mirar al cielo, porque no pienso quedarme abajo.
(De mis favs)
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Entre luces y sombras, transcurrían los días del bullicio de la ciudad con complementos de personajes que llenaban el lugar con sus proezas. Pero una destaca en su generación, no solo por su belleza, sino, por una luz dorada que cortaba la oscuridad de manera tajante pero conservando su elegancia. Las ilusiones se dispersan como fragmentos de cristal brillante y una figura femenina desciende lentamente del cielo, sus alas de luz despegadas mientras las ilusiones empiezan a distorsionar el entorno a su mero antojo.
Y así pasó el tiempo como era debido, siempre llevando en mano a aquella base con victorias entre manos. Pero entre la naturaleza de la zona, la imagen de un mar de árboles contrastaba contra lo que sería la fachada de un hogar de techos altos, algo grande para que solo una persona viviera en ese lugar pero así lo hacía Seraphine.
Sobre uno de los sofás, los rayos del sol descendían suavemente hasta posarse sobre los cabellos dorados de una fémina cuya mirada parecía mantenerse fuerte, no tensa pues cuidaba de no mostrar demasiado.
—Mi nombre es Seraphine Cassiel… aunque la mayoría ya conoce ese apellido antes que a mí
Su voz suave cortaba sutilmente el ambiente silencioso que podía ofrecer la tranquilidad del bosque.
—Dicen que nací bajo la luz correcta, en el momento correcto, con el linaje correcto.
Supongo que eso suena impresionante….hasta que descubres lo pesado que puede ser y puede que no soy la más fuerte de la Liga, ni soy la más rápida….y definitivamente no soy la más obediente.
Levantaba su mirada lentamente, poniéndola al frente donde una ventana abierta de para en par, permitía entrar una ligera brisa de viento cuyo aroma a pino llenaba hasta los rincones de la habitación.
—Pero veo cosas que otros no ven, la luz no solo ilumina….también engaña, protege, transforma y yo aprendí a hacer lo mismo. Puedo crear ilusiones tan reales que tu mente las acepta como verdad.
Puedo envolver un campo de batalla en espejismos….o convertir el miedo en mi arma más precisa
—Pero no quiero ser la heredera de nadie.
No quiero ser un símbolo vacío…
Mencionaba con un ligero tono entrecortado mientras sujetaba con algo de fuerza los extremos de su vestido, arrugando lo de esa manera un poco pero anclandose de alguna manera al momento.
—Quiero ser la heroína que se queda cuando todos los demás se van
Y finalmente su expresión perdía fuerza, se suavizaba, pero su mirada no pierde firmeza, mantenía algo más, puede que algo de certeza.
—Y si tengo que caer para aprender a volar por mí misma….entonces asegúrate de mirar al cielo, porque no pienso quedarme abajo.
(De mis favs)

—Gran Maestro.
Llamó el joven, desde el suelo y sobre el muslo del contrario, con voz tranquila, casi traviesa.
Sabía qué estaba provocando en ese pobre hombre. Sabía la tortura que era abstenerse a tomar acción, el deber comportarse por estar en horario comprometido. Lo sabía, y eso le daba más razones para actuar de ese modo.
¡Ah! ¡Qué gratificante era ver el ceño fruncido en su rostro! Sus labios apretados en señal de contención, pensando con cuidado qué decir. ¿Le iba a decir que se detuviera, o que continuara? ¿Qué hará el gran Caballero de Boreas?
Sus dígitos enguantados apenas rozaron la entrepierna frente a él. Rápido, casi imperceptible, pero lo suficiente para ser sentido.
—¿No quería que fuera más obediente? Entonces, dígame: ¿Qué debo hacer?