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~~~El dolor de querer ayudar a quien no se deja alcanzar~~~
Qué difícil es ver que alguien importante para ti está pasando por un mal momento y no saber cómo llegar hasta esa persona. Percibir que algo le duele, que detrás de sus silencios existe una batalla que no se atreve a compartir contigo.
Y ahí estás tú, intentando acercarte con cuidado, buscando las palabras adecuadas y ofreciendo un espacio donde pueda sentirse a salvo. Sin embargo, por más que lo intentes, parece existir una puerta que permanece cerrada.
Y duele... No porque tenga la obligación de contártelo todo, sino porque desearías que comprendiera que no tiene que enfrentarse a sus problemas en soledad. Que tu intención no es juzgar, cuestionar ni presionar, sino acompañar, incluso cuando no sepas qué decir.
Quizá lo más frustrante de querer a alguien sea aceptar que no puedes aliviar todas sus tristezas. Puedes extenderle la mano, pero no obligarle a tomarla. Y entonces comienzas a preguntarte si estás haciendo lo suficiente, si deberías insistir o simplemente darle espacio, aunque la incertidumbre también termine afectándote.
Porque también resulta doloroso sentirse tan cerca de alguien y, al mismo tiempo, tan lejos de lo que realmente está viviendo.
Tal vez querer de verdad implique aprender a respetar esos silencios. Comprender que algunas personas han pasado tanto tiempo enfrentándose solas a sus problemas que permitir que alguien las acompañe se convierte en un desafío.
Pero hay algo que quisiera que entendieras:
~No necesito que estés bien todo el tiempo, que finjas una sonrisa ni que escondas tus días grises para evitar preocuparme. Quiero estar presente también cuando las cosas se compliquen, cuando te falten las fuerzas y ni siquiera encuentres palabras para explicar lo que sientes.~~
No pretendo tener la solución a todo lo que te sucede. Me bastaría con que confiaras lo suficiente en mí como para permitirme compartir, aunque fuera un poco, el peso que llevas dentro.
Y si todavía no estás preparado para hablar, lo comprenderé. Aprenderé a acompañarte sin invadir tu espacio, aunque a veces me cueste aceptar que no puedo hacer más.
~~Porque no quiero obligarte a abrir tu corazón, pero tampoco quisiera que confundieras mi respeto por tu silencio con indiferencia.~~
Al final, quizá eso sea lo más difícil de querer a alguien: tener tantas ganas de ayudar y comprender que, en ocasiones, lo único que puedes ofrecer es tu presencia, tu paciencia y la certeza de que, cuando finalmente decida hablar, encontrará en ti a alguien dispuesto a escuchar.~!
A ver...
¿Saben si quiera lo que es ser empático y tener un poquito de noción de lo que es la salud mental o solo siguen a las masas?
Porque sí, repito, ya estamos grandes y tomar actitudes diciendo cosas como "así soy yo" "ni modo, es mi forma de ser" "ay, pues es que soy honesto" no tiene absolutamente nada que ver con empatía.
Porque siempre, siempre que se te ocurra ofender a alguien, sea de broma o no, asegúrate primero de pensar aunque sea treinta segundos en el impacto que pueden tener tus palabras en la otra persona, independientemente de cocjam sea la reacción, si enojo o tristeza.
Detente un instante a pensar: ¿Te gustaría que alguien te hiciera sentir lo mismo? Si la respuesta es no, re-estructura tus palabras, o mejor guardátelas. Si realmente te gusta que te hagan sentir basura porque así es tu estilo de vida, entonces ve y toma terapia, porque eso no es sano.
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⠀⠀ㅤㅤ⠀ㅤㅤ“ Ella quiere regresar el tiempo que pasó, para poder perderse así en la dulzura de su voz... ”
Ya era octubre otra vez. Habían pasado ya dos días desde esa fecha específica; y Aly, que en silencio había digerido ese recuerdo, ahora finalmente se daba la oportunidad de llorar. Veinte años. Veinte años habían pasado ya desde que una de las luces que iluminaban su camino se había apagado. Fue la primera vez que supo que el amor mata.
Recordar a aquella mujer, pálida y desgastada por la enfermedad cerrar sus ojos por última vez es un recuerdo que la perseguirá a lo largo de toda su vida a pesar de que aparente que todo va bien.
Abraza sus rodillas, con la mirada clavada en aquel pequeño espacio de luz debajo de la puerta. Solloza en silencio. Para sí misma.
Se limpia las lágrimas con el dorso de la mano y se abraza más.
Jamás tuvo tanta certeza de que una persona puede amar hasta la muerte como la tiene ahora, que es más consciente.
No odia a los hombres, odia el hecho de que las personas ignoren el daño que sus acciones puedan causar y vivan con la conciencia tranquila aún cuando una vida se apaga en consecuencia.
Ella, quién había sido como una segunda madre había dejado que su vida terminara porque se cansó de luchar. Por su vida y por un corazón que sabía que no le pertenecía. Que quizá jamás le perteneció.
¿Todo ser que ama debe pasar por ese sufrimiento?
Siete de octubre. Para muchos una fecha de celebración. Para otros un día más. Para ella... Es una herida que vuelve a sangrar, que jamás va a cerrar, que nunca dejará de doler. Porque así es la ausencia. Permanente.
Anyel Martnes
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Shiki Akagi
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Carry
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