Descubrir PublicacionesExplore contenido cautivador y diversas perspectivas en nuestra página Descubrir. Descubra nuevas ideas y participe en conversaciones significativas
𝟓 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐚𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐞𝐫𝐢𝐝𝐚
La noche en el pequeño bar en Japon, frecuentado por fanáticos del metal, había transcurrido con normalidad para Shiki. Estaba en una esquina, con su chaqueta de cuero negra sobre una camiseta a tirantes negra, bebiendo una cerveza y disfrutando del estruendo de la música en vivo que vibraba. A su lado, Hyemi, su mejor amiga, una chica pelirroja y risueña, el único rayo de luz que había logrado atravesar sus muros de desconfianza, tarareaba una canción mientras hojeaba el menú.
Shiki se sentía tranquila. En aquel lugar, rodeada de sonidos brutos y personas que no esperaban más de ella que un asentimiento, se permitía bajar un poco la guardia. Ella era el escudo, y Hyemi, el mundo que protegía.
La tensión llegó con un olor rancio a tabaco barato y alcohol. Tres tipos ebrios y ruidosos se detuvieron cerca de su mesa. Uno de ellos, un sujeto grande y sucio con una mirada lasciva y cruel, se fijó en Hyemi.
—Hey, roja
Dijo el hombre, apoyándose pesadamente sobre la mesa de Shiki, invadiendo su espacio personal sin permiso.
—¿Por qué tan sola con esta bruja de negro? ¿Por qué no vienes a divertirte con nosotros?
Shiki levantó la vista lentamente. Sus ojos oscuros se clavaron en el sujeto con una frialdad que helaría la sangre a cualquiera que la conociera. Su voz salió como un gruñido, bajo y peligroso.
—Largo de aquí. Ahora.
El hombre soltó una carcajada borracha y extendió su mano grande y sucia, buscando tomar el brazo de Hyemi.
—No te metas, perra, ella no te pertenece.
Eso fue todo. El mundo de Shiki se redujo a un solo punto: una amenaza directa a su persona más preciada. El miedo del abandono se transformó en un instante en un click, la forma en que la tocaba...y el rostro de panico de Hyemi. La música, las voces, el bar... todo desapareció.
Antes de que ella pudiera reaccionar, Shiki se levantó de un salto, derribando su silla.
Su puño derecho, envuelto en cuero, se estrelló contra el mentón del tipo con la fuerza de un martillo, enviándolo a volar hacia una mesa vacía, destrozando sillas y botellas. El estruendo fue ensordecedor, tanto que la gente se aterro.
Los otros dos tipos intentaron reaccionar, pero Shiki se movió con la precisión de un tigre. Pero...el escudo se transformo en la espada.
Se abalanzó sobre el hombre que había intentado tocar a su amiga, quien apenas estaba empezando a levantarse, aturdido y sangrando por la nariz. Shiki lo inmovilizó con su rodilla contra el pecho y empezó a descargar una lluvia de golpes brutales, directos, sin piedad.
—¡SHIKI! ¡BASTA! ¡LO VAS A MATAR!
Gritó Hyemi, horrorizada, tirando de ella como podia sin exito.
Pero Shiki no escuchaba. Estaba en un estado berseker, una desconexión total de la realidad donde el único objetivo era erradicar al objetivo. Cada golpe era una forma de impedir nuevamente algo. Sus puños, ya adoloridos, empezaron a desgarrarse contra la mandíbula de su oponente. El sonido de los huesos crujiendo bajo cada golpe se mezclaba con el grito ahogado del hombre. La sangre salpicó a su rostro descontrolado y su ropa.
La barra del bar y algunos clientes tuvieron que intervenir en masa para detenerla, tirándose sobre ella como un montón de cuerpos sobre ella para detenerle. Entre cuatro hombres fornidos lograron arrastrarla hacia atrás, forcejeando con su fuerza mientras ella seguía intentando llegar al hombre tendido en el suelo, que yacía inmóvil, con el rostro irreconocible y los ojos en blanco. Parecia...sedienta de sangre.
Shiki jadeaba violentamente, su pecho subiendo y bajando con fuerza. Su mirada estaba perdida. Se dio cuenta de que sus manos, manchadas de sangre ajena, le ardían intensamente. Las vendas de entrenamiento que llevaba bajo sus guantes negros estaban desgarradas, y los nudillos de sus manos destrozados, con la piel abierta y los huesos expuestos en algunas partes.
El bar estaba en silencio. La música había cesado. Todos la miraban con una mezcla de terror y panico. Hyemi lloraba desconsoladamente en un rincón.
Shiki levantó la vista y vio la mirada de miedo de su amiga. Vio el miedo que ella misma había hecho nacer, el mismo miedo, materializado en los ojos de la persona que más le importaba en el mundo.
Su sed de ira habia pasado. La realidad volvió a golpearla con fuerza. Se había convertido en el monstruo que siempre temió ser.
—Hyemi...
Susurró Shiki con voz ronca, su mano herida temblando mientras se acercaba a ella.
Hyemi retrocedió un paso, negando con la cabeza con una expresión de puro horror.
Shiki se detuvo. El peso de sus acciones cayó sobre sus hombros. Las sirenas de la policía empezaron a sonar a lo lejos, cada vez más cerca. Había mantenido a Hyemi a salvo, pero había perdido a la unica persona real que tuvo. Había cruzado la línea, y ahora tendría que pagar las consecuencias de su arrebato, con la justicia.
Mhm... resulta fascinante como un ser hecho de puro caos puede convertirse en el único lugar donde encuentro calma y perdición a la vez. Se siente tan dulce y tan bien esta obsesión que se apodera de mí poco a poco. No sé en qué momento mi alma decidió entregarse por completo a las garras de cierto payasito, pero no cambiaría esta hermosa locura por nada.
PENNYWISE . ❤️🎈
Aly
Eliminar comentario
¿Seguro que deseas eliminar este comentario?