Qué onda? Soy nuevo

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Aramis Hidalgo Cambio su foto de perfil
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¿Por qué está tan rica Kaeri? Está bien buenota y yo razones más manosearla me sobran ah. 🔥

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El suave goteo de la lluvia contra la ventana se había convertido en una sinfonía familiar en el apartamento de Seok. Era un sonido que solía arrullarlo, pero esta mañana, cada gota resonaba como un tambor de guerra en su cabeza, abrió los ojos, esperando la familiar luz tenue del amanecer que se colaba por las cortinas, pero en su lugar, todo era borroso y desorientador, parpadeó varias veces, tratando de enfocar.

Algo andaba mal, su cuerpo se sentía... diferente, casi etéreo y sin la habitual pesadez muscular que definía su físico, intentó estirarse, como solía hacerlo todas las mañanas, pero sus brazos se sentían extrañamente delgados, sus manos, pequeñas y delicadas, no eran las suyas. El pánico comenzó a burbujear en su interior.

¿Qué demonios...? Se levantó de golpe, la manta deslizándose de su cuerpo, fue entonces cuando la vio, sus piernas, antes cubiertas de vello y músculos definidos, eran ahora largas y esbeltas, con una suavidad que le era completamente ajena. Sus caderas se habían ensanchado y su pecho... Su pecho no era plano. Dos montículos suaves se alzaban bajo su piel, sensibles al roce de la tela.

Un grito mudo se atascó en su garganta. Corrió hacia el espejo de cuerpo entero que colgaba en la pared de su habitación, el corazón latiéndole desbocado, la figura que le devolvió la mirada no era la suya. Era una mujer. Con su rostro, sí, pero con facciones más suaves, ojos más grandes y labios más carnosos. Su cabello, antes corto, caía ahora en cascada sobre sus hombros.

Estaba en shock, paralizado por la visión, su mente incapaz de procesar la transformación grotesca y surrealista que había ocurrido, llevó una mano temblorosa a su entrepierna. Donde antes había una protuberancia familiar, ahora había una cavidad, una piel suave y húmeda que no reconocía. El aire se le fue de los pulmones. Era real. No era una pesadilla. Era una mujer. Completamente, irrevocablemente, una mujer.

Sus ojos, ahora los de una extraña, estaban fijos en el espejo, y el pánico se convirtió en terror. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué había pasado? Las preguntas se agolpaban en su mente, pero ninguna tenía respuesta.

Su pareja apareció deslizándose silenciosamente junto a ella, su reflejo emergiendo en el espejo, su corazón no pudo evitar dar un vuelco, porque la mirada de Minho no era de preocupación o sorpresa. No había consternación en sus ojos, no había confusión en su rostro. En cambio, una sonrisa lenta y maliciosa se extendió por sus labios, una chispa oscura bailando en sus ojos.

Seok sintió un escalofrío helado recorrer su nueva columna vertebral.

— ¿Qué... qué está pasando? — La voz que salió de sus labios era extraña demasiado aguda.

Minho soltó una risa baja, un sonido grave y ronco que hizo vibrar el aire entre ellos. —¿Qué pasa, Seok? ¿No te gusta tu nuevo "yo"?

La palabra "yo" fue pronunciada con un énfasis cruel, como si estuviera saboreando cada sílaba, retrocedió un paso.

—¿Tú... tú sabías? ¿Tú hiciste esto?

—Digamos que tuve una pequeña mano en ello, siempre quise... explorarte de una manera diferente.

La tensión en la habitación era palpable, densa y cargada de una electricidad oscura, sintió una furia fría ascender, mezclada con el terror.

—¡Estás enfermo! ¡Desgraciado!

Minho dio un paso hacia ella, cerrando la distancia, la diferencia de altura era ahora notable, se alzaba sobre ella, con una figura imponente. Seok, ahora con una estatura más pequeña, se sintió vulnerable.

—¿Enfermo? Quizás. Pero ahora, eres mía. Completamente mía. — deslizó una mano por el brazo de Seok, su toque enviando descargas eléctricas a través de su piel, el contrario intentó apartarse, pero Minho la sujetó con una fuerza sorprendente.

—¡Suéltame! —Exigió, su voz temblorosa, la desesperación creciendo en su interior.

Minho ignoró su súplica, sus ojos, llenos de un deseo oscuro y una intención inquebrantable, recorrieron su nuevo cuerpo. Se detuvo en sus pechos, la mirada de Minho los desnudó con una intensidad que hizo que Seok se encendiera de vergüenza, para su horror, una extraña punzada de excitación.

—Oh, Seok. Tan hermosa. Tan...fácil de dominar ahora. —Minho la empujó suavemente contra la pared, atrapándola entre su cuerpo y la fría superficie. El corazón de ella latía con violencia contra sus costillas, una mezcla caótica de miedo.

Minho se inclinó, su aliento cálido contra su oído. —Siempre fuiste tan terco, ¿no? Tan orgulloso. Pero ahora... ahora eres suave. Flexible.

Una de las manos de Minho se deslizó por su espalda baja, apretando su trasero con una posesividad alarmante. Seok jadeó, sus rodillas amenazando con ceder.

—Necesitas aprender tu lugar, mi pequeña —susurró, y antes de que pudiera protestar, una nalgada resonó en la habitación, haciendo que el trasero de Seok ardiera. Otra siguió, más fuerte.

—¡Minho! — intentó empujarlo, pero él era demasiado fuerte. Su cuerpo, ahora más pequeño y menos musculoso, no podía rivalizar con la fuerza de Minho.

—Parece que ya estamos aprendiendo.

Su boca se apoderó de la de Seok, un beso dominante que no dejaba lugar a la resistencia. Las manos de Minho exploraron cada curva de su nuevo cuerpo, sus dedos rozando sus pezones endurecidos bajo la tela del camisón rasgado. Seok sentía una revuelta en su estómago, una lucha entre el desprecio que sentía por la situación y la traidora respuesta de su nuevo cuerpo que comenzaba a excitarse.

— Es hora de que experimentes lo que es ser verdaderamente mia

Con un movimiento fluido, Minho la levantó en sus brazos, y Seok, sorprendentemente ligera, se encontró envuelta en su calor. Él la llevó a la cama, la dejó caer suavemente sobre las sábanas. La mirada en los ojos de Minho era insaciable, y Seok se encontró temblando.

Minho se posicionó entre sus piernas, su cuerpo imponente. —Siempre quise ver cómo se sentiría esto... Tú, completamente abierta para mí.

Cerró los ojos, las lágrimas picándole los párpados. La humillación era abrumadora, pero la sensación del cuerpo de Minho sobre el suyo, la dureza de su erección presionando contra su nueva entrada, era innegablemente... intensa.

Minho se inclinó, susurrando en su oído. —Abre los ojos, quiero que me mires cuando te hago mía, necesito que veas el placer en tus ojos, incluso si intentas negarlo.

Abrió los ojos lentamente, viendo el rostro de Minho, la misma sonrisa maliciosa, los mismos ojos oscuros y llenos de deseo. Y luego, sintió un empuje.

Un dolor agudo la atravesó, una sensación de desgarro que la hizo arquear la espalda y gemir. Sus músculos se tensaron, su cuerpo se contrajo en protesta.

Minho se detuvo un momento, su respiración agitada. —Shhh, relájate. Te acostumbrarás.

Otro empuje, más profundo, el dolor se mezcló con una extraña sensación de plenitud. Seok se aferró a los hombros de Minho, sus uñas clavándose en su piel. Era demasiado... diferente.

Minho comenzó a moverse, lenta y deliberadamente, ajustándose a su nuevo cuerpo. Seok sintió una oleada de calor que se extendía desde su interior, una sensación que la llevó al borde. Cada embestida era un recordatorio de su nueva vulnerabilidad, de la dominación de Minho, y de la traicionera respuesta de su cuerpo que parecía anhelar más.

Las lágrimas corrían por sus sienes, pero no sabía si eran de rabia, de humillación o de la inesperada oleada de placer que la estaba consumiendo. Minho se movía más rápido, sus caderas golpeando contra las suyas, el sonido de su unión resonando en la habitación. Seok arqueó la espalda, su cuerpo temblaba sin control, sintiendo cómo se acercaba a un clímax, una sensación que nunca antes había experimentado de esta manera, tan cruda, tan abrumadora.

En ese instante, su mundo explotó en una cascada de sensaciones, un clímax que la dejó sin aliento, su cuerpo convulsionando bajo el de Minho, mientras la realización de su nueva realidad se asentaba, una realidad donde era una mujer, sometida a su pareja, con una mezcla incomprensible de dolor pero llena de placer. ¿A caso esto sentía Minho cuando él solía dominarlo?

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🔥Primera erección parte 2.


El ceño se le frunció de tan deliciosa sensación, parecía que el agarre de la mano humana en su falo calmaba esa desesperación por ella. Se quedó por primera vez inmóvil, el intentó quitar y transformar su erección, pero nada servía.

Debía obedecer las leyes de la forma que habita, y poseer un miembro viril era una de ellas. La humana le desabrochó su pantalón antiguo, de un rebote cayó su pene duro y pálido. Las venas de marcaban en su base. No sabía que podía hacer eso.

Los dorados ojos estaban bien abiertos y con miles de sensaciones solo gimió ronco cuando aquella y despreciable mujer empezó a lamer la punta de su rojo glande. Parecía cuál gatita lamiendo arriba y abajo con esa mirada coqueta. Él no lo entendía. Las piernas del payaso temblaron y una corriente eléctrica vibró en cada fibra de su ser.

Celina Smith compartió un publicacion  
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||Mínimo, un poco de respeto a quienes realmente eran sus amigos.

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[Hola, voy a decir esto una sola vez, porque no me gusta opinar sobre esta clase de temas. Pero me parece realmente de muy mal gusto que haya gente que no conocía a la persona en cuestión y hablen de ella como si la conocieran. Chicos, ni siquiera su partner ha salido a hablar sobre el tema, ni siquiera sus amigos cercanos. NADIE de su círculo cercano ha dicho nada por respeto. Me parece horrible que lo tomen como para farándulear y se aprovechen de eso. Es muy morboso, y se me hace de muy mal gusto.

En fin, respeten, por favor. Y gracias.]

Hola, volví

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🔥Primera Erección Parte 1.

Esa noche, mientras arrinconaba a una mujer en el fondo de una cabaña solitaria, algo dentro de su maquinaria interna mutó de forma extraña. Ella no solo temblaba; lo miraba con una mezcla perversa de fascinación y repetición morbosa, como si estuviera dispuesta a entregarse al abismo. Y entonces, el monstruo sintió un pulso nuevo y denso.

Una tensión febril y desconocida recorrió la base de su forma física, tensando la tela descolorida de su disfraz de payaso de un modo que jamás había experimentado. No era hambre de carne; era un apetito más espeso, un calor abrasador que se acumulaba en su centro queriendo liberar no solo el pedazo de carne que se endureció en su traje, sino liberar sus ganas contra ella.

Un líquido humedeció por primera vez su traje, llamando la atención de la humana que sin aviso al depredador, colocó su mano sobre su miembro encima de la ropa.

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