Beverly Marsh compartió un publicacion  
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— ¿Disculpe señorita?

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No importa que haga.
Nadie se queda.
Nadie la elige.
Todos se van.

Las promesas no se cumplen.

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Kath Cambio su foto de perfil
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/Estaba de espaldas, en medio de la habitación a oscuras. La chaqueta roja me colgaba de un solo hombro, todavía a medias puesta después de lo que acababa de hacer. Sentía el leve sabor metálico en la boca y un delgado hilo de sangre que aún me marcaba la comisura de los labios.
Cuando noté una presencia detrás de mí, giré lentamente la cabeza. Una sonrisa amable se me escapó, lo suficiente para que se notaran apenas los colmillos. Mis ojos se posaron en quien me había encontrado.

— No esperaba que me consiguieras así… pero tranquilo/a. No muerdo a quien no quiero. Al menos, no esta noche.

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— Ya casi se acaba el año. Ya casi llego a la mayoría de edad ¿?

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#obsession

La presencia de Haru en aquella habitación era como la de un depredador que tenía a su presa en sus garras. Sus manos descansaban sobre sus rodillas, cada segundo de silencio era la acumulación de presión que amenazaba con aplastar las paredes donde mantenía en cautiverio a su amor. Estaba muy lejos del arrepentimiento de haberle fallado a su promesa de dejarlo ir, sin embargo, sentía una satisfacción tan perversa, una devoción que se alimentaba incluso en la falta de aire. El encierro fue su obra maestra, su único altar donde podía adorar a Lucien Delacroix sin interferencias.

— He descubierto algo visceral y desagradable sobre mí mismo. — murmuró al cabo de un rato, sacó de sus bolsillo el encendedor, inclinó su cabeza y prende el cigarrillo que descansaba entre sus labios. Sin apartar la mirada del menor, continuó. — Puedo soportar muchas cosas, Lucien. Tu desprecio, el veneno de tu odio, incluso si decidieras mutilarme con tus propias manos. Todo es ruido de fondo.

Mostró una pequeña sonrisa, sentía de alguna manera placer por tenerlo ahí, frente a él, atado de manos, por segunda vez consecutiva… frustrándole el escape al exterior. Dejó ir el humo, uno denso que bailaba con el inexistente viento que había.

— Pero la idea de que vuelvas a marcharte… — su tono de voz se volvió un siseo, arrastrado. — Ah… esa idea es un parásito que devora mi razón. Es la única verdad que mi sangre se niega a digerir.

Despacio se incorporó, sin apartar los ojos de él, apagó con la punta del pie el cigarrillo. Su silueta proyectaba una sombra que parecía envolver al francés por completo, existía una ternura que resultaba más aterradora y perturbadora que cualquier violencia explícita en su expresión, una contradicción que solo existía porque Lucien era la victima sagrada de su obsesión; la misma criatura a la que habría querido preservar en ámbar y a quien, por el terror paralizante de perderla, había reducido una posesión inerte.

— No voy a insultarte fingiendo que esto es por tu bien. Soy perfectamente consciente de lo que estoy haciendo, estoy rompiéndote para que no puedas irte.

Su voz descendió, convirtiéndose en un murmullo que podía adherirse a la piel ajena como el mismo sudor.

— Quería tenerte tan cerca que tu respiración fuera mía. Quería dejar de preguntarme cuándo sería la última vez que vería tu rostro, cuándo desaparecerías en la nada. Y ahora… — hizo una pausa, acercándose al menor y quedar en cuclillas, sostuvo su mentón con tanta suavidad, quería mirar esos ojos azules que quizás… solo quizás reflejarían la decepción o todo lo contrario. — Ahora estás aquí. Para siempre, incluso si esto es el infierno, es nuestro infierno. Por favor… eres lo único que tengo, no tengo nada más, sonríe.

Lo contempló con devoción enfermiza en absoluto silencio, no estaba buscando perdón por lo que había hecho, sin embargo, si Lucien lo condenaba, él sería feliz.

— Dime, Tsubaki… — su mirada se volvió gélida, posesiva. — ¿Todavía recuerdas cómo te miraba antes de todo esto? Porque yo solo puedo recordar cómo te miro ahora… como mi propiedad más preciada y mi prisión más amada.

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//Malos días lunitas 💥

Buenos días solecitos. ☀️

Stocking Anarchy Cambio su foto de perfil
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KAITO

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Adam Collins añadido nuevas fotos a Adam
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No me quisiera levantar de la cama

Buenos días.

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Aly añadido nuevas fotos a Writing
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⠀ㅤㅤ☄. *. ⋆
⠀⠀ㅤㅤ⠀ㅤㅤ“ You gonna be alright...”

Aunque los medicamentos que consumía para su rehabilitación mental influenciaban en sus horas de sueño, sabía que debía estar totalmente sobria para la mañana siguiente. Por lo que pasó toda una noche en vela, cuestionándose que valía la pena y que no. Cuando su alarma sonó, a las cinco de la mañana, la rusa tomó su baño habitual y su rutina del diario.

Desde la tarde anterior había llamado a su médico de cabecera, terapeuta, abogado y hasta a su Shiki para hacerle saber que estaría fuera por un buen tiempo. Su abogado le hizo saber diversos escenarios de lo que podrían hacer en caso de que a pesar de las pruebas hubiese resistencia. Pero ella no prestó atención. Para las siete de la mañana de ese día, Aly ya se encontraba en el hospital donde hacía sus pruebas antidrogas mensualmente. Esme, su enfermera asignada, una mujer de poco mas de cincuenta años la recibió con un abrazo y un caluroso saludo.

— Pequeña saltamontes, tu cita mensual es hasta dentro de dos semanas, ¿Qué haces aquí?

– Ya lo sé, Esme, es sólo... Trámites legales.

— ¿Nuevo empleo?

La rusa negó. El nudo en su garganta no le permitió hablar como hubiese querido, y la mujer pudo notarlo. Frotó su brazo con suavidad mientras la miraba y esperaba a que se recompusiera.

– Es... Me pidieron una revisión adicional para el juicio. Supongo... Que estarás viéndome con mayor frecuencia por aquí. – Dijo con una risa amarga, mientras la seguía hasta el interior del consultorio. La rutina era la habitual: debía desvestirse y colocarse la bata de hospital que usaría durante los siguientes minutos. Hacía un esfuerzo sobrehumano para no llorar. Y es que de tan sólo pensar que atrasaría su dosis medicinal, le ponía nerviosa, pues debía estar limpia incluso de lo que le hacía medianamente bien.

— Bien, preciosa. Espero que hayas tomado suficiente agua antes de venir. Ya sabes, aquí está el bote, no necesitas llenarlo, hasta la marca es suficiente. — hablaba la mujer con total calma mientras preparaba los demas instrumentos que utilizaría. La rusa suspiró y se metió en el pequeño cuarto de baño, con la puerta abierta. Cuando el bote tuvo el contenido deseado, lavó sus manos y se aseó como era debido. A pesar de estar en completa soledad con Esmeralda, Aluca sentía un montón de ojos sobre ella. — Ven, pequeña, siéntate aquí.— Indicó la mujer en tanto Aluca tomaba asiento en la camilla. — Ya sabes que sigue, no duele, sólo sentirás un pequeño pinchazo. — Murmuró con dulzura mientras le preparaba el brazo para extraer la sangre. Una vez hecho esto, la enfermera dejó la capsula con el líquido en su respectiva hielera.
Echó un fugaz vistazo al plástico dentro del bote con orina e hizo unas anotaciones en su carpeta.

— Abre la boca, di "ah". — Aly lo hizo sin mucho entusiasmo, mientras la mujer con un hisopo, tomaba un poco de saliva del interior de la boca de la chica. Una vez hecho eso, le indicó que podía recostarse. — Volveré en un momento, ponte cómoda, la ginecóloga ya no tarda en venir. — le acarició los cabellos, pues Esme comprendía lo difícil que resultaba para la rusa todo ese proceso.
Cinco minutos después, la enfermera apareció nuevamente con su alegre sonrisa. Ya había llevado el resto de las pruebas a su revisión.
— A ver, pequeña, déjame ver tus manitas. — Con un profundo suspiro, Aluca extendió sus manos, permitiéndole ver entre sus dedos con detenimiento, también entre sus uñas, las cuales aún tenían el mínimo rastro de esmalte. Revisó del mismo modo los dedos de sus pies. Y así, con meticulozo detalle revisó cada músculo en el cuerpo de la mujer. Todo músculo apto para recibir un pinchazo.
— La buena noticia es que la dieta te ha servido demasiado, has ganado peso, Ali hermosa. No hay ni un sólo rastro de anemia o drogas en tu cuerpo. — comentó con alegría, preparándola ahora para lo que seguía.

– Yo sé que tú confías en mí, Esme. ¿Por qué lo haces si no me conoces? – Preguntó con nostalgia, limpiando una que otra lágrima que había escapado .

— Porque he visto tu progreso. A veces la ley no es tan justa, ¿Verdad? — le acarició nuevamente los cabellos, al tiempo que terminaba de acomodar las piernas de la rusa en las reposaderas.

Una vez más, Aluca se sintió expuesta. Y en silencio, mientras la ginecóloga exploraba su interior, la rusa lloró. Después de una revisión a fondo, le indicaron que podía vestirse. No recordaba haberse sentido así de ultrajada. Para cuando terminó de vestirse y salió del consultorio, su abogado ya le esperaba afuera con un folder en ambas manos.

— Buen día, señorita Nékrasova. Tengo los resultados del hospital y la carta de su psiquiatra. Está completamente limpia. — anunció con gran entusiasmo y una sonrisa en el rostro. Aluca lo miró y sonrió de lado.

– Excelente... Hazme saber cuando sea la fecha para ver al juez. Ahora... Gracias, Jones, por estar aquí. – le sonrió apenas, dando una suave palmada en su hombro al tiempo que se encaminaba a la salida. El resto ya no le correspondía a ella.

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