— Si están tan animados hoy también, yo con gusto puedo flecharles el corazón... Literalmente. 🌚

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|| mucho texto, lo escribí más para mí pq como todo morrito con poquito de trauma religioso, me encanta la temática religiosa, en fin amén 🙏 la masturbación es un pecado

Para que vean que sigo en el camino de dios expiare mis pecados subiendo un escrito cachondo en una iglesia 😮‍💨

El día en el GYM fue más duro que otros días.

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Quizás estoy destinado a estar soltero y virgen hasta que me muera...
Si... Es posible

Ninibeth Alensmeier añadido nuevas fotos a
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— Ayer parecía consejera en Tell, pondré una sección consejos con Leanne...—

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Isabella Hasannovick Cambio su foto de perfil
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🥀 mea culpa
#agnosia #confesionarioreligioso #lemon

Rex nunca ha sido muy creyente de lo divino o lo desconocido, pero incluso él sabe reconocer cuando el mundo intenta mandarle una señal. Sin embargo, esas señales debió haberlas mandado mucho antes de que se hubiera metido en esa situación. No recuerda ni cómo terminó en esa iglesia, lo único que sí es que la resaca lo estaba matando, y que el Padre era... wow. Pocas personas atraen su atención tan inmediatamente, y había algo en el aura de ese hombre que más que un ángel se sentía como la personificación de la lujuria misma.

O quizá ese solo era Rex.

¿Quién puede culparlo si después de esa mañana regresó al día siguiente? Y luego al siguiente, y al siguiente.

Los vagos recuerdos de haber crecido católico hacían eco en su mente. Los 10 mandamientos. Cuando el Padre por fin lo notó, se acercó a Rex, con toda su amabilidad y calma, con cautela, como si Rex se tratara de un perro callejero que podría morder en cualquier momento. No estaba equivocado.

"¿Qué te trae aquí, hijo?" había preguntado el hombre.

Usted.

"Me siento perdido, Padre,"

Octavo mandamiento: No darás falso testimonio ni mentiras.

A Rex le gustaría decir que se siente culpable, pero sería mentir todavía más. Se inventó una historia sobre lo difícil que había sido su vida, lo complicado que fue crecer sin una figura que lo guiara, como había terminado aferrado a las garras de los vicios y el libertinaje, y que quería dejarlo y encontrar a Dios. Una parte de Rex piensa que el Padre sabía que era mentira, pero dejar toda la responsabilidad sobre Rex era más fácil que reconocer que él también es solo un hombre. Si a Rex le tocaba ser el chivo expiatorio, estaba más que dispuesto a serlo, si significaba seguir teniendo los ojos del hombre sobre él.

Empezó sutil, un toque en el hombro, una mano confortante en su rodilla, el mínimo roce contra su rostro, excusado por accidental. Rex no recuerda quién lo empezó. Pero entonces escaló, durante sus charlas comenzaron a sentarse más cerca del otro, manos pasaron del hombro al cuello, de la rodilla al muslo, en los rincones más escondidos de la iglesia, como si eso los escondiera del ojo omnipresente del dueño del templo.

Oraciones se volvieron susurros, preguntas se volvieron promesas. Rex todavía piensa en las reacciones del Padre, quién habría pensado que se sentía tan bien tener a un hombre que te doblaba la edad, sonrojado y agitado, solo con susurrarle al oído todo lo que has imaginado hacerle. Noveno mandamiento: no consentirás pensamientos ni deseos impuros.

Qué fáciles son los "hombres de Dios".

El sexto mandamiento resonó en su cabeza como un trueno una vez la puerta del pequeño confesionario se cerró detrás de ambos. Ni siquiera había oscurecido todavía, tuvieron tanta suerte de que nadie los encontrara. El hombre que tanta devoción le prometía a un ser más poderoso, se encontraba ahora suspirando contra la boca de un vil pecador, y él gustoso se tragaba cada uno de los sonidos. Algo que le gusta a Rex más que cualquier cosa, es ser especial, recibir algo que nadie o pocos más han recibido, y la sutil torpeza con la que el hombre besaba, le decía a Rex que no hacía esto seguido. Solo motivó al joven a ir más intenso. El cuarto, no más grande que un closet, se llenó de suspiros y respingos, prácticamente pegados juntos, Rex podía sentir todo debajo de la sotana, que poco hacía para ocultar la excitación del mayor. El joven se preguntaba si podía hacerlo terminar solo besándolo. Pero eso sería para otra ocasión.

El flash de un relámpago, seguido por el estruendo de un trueno sacudió el lugar, y por la expresión en el rostro del Padre, Rex sabía que pensaron lo mismo. Esto era una señal de Dios, un reclamo, exigiendo que este acto tan ruin e indigno parara. La duda pintaba el rostro del devoto, pero Rex no iba a parar ahora. Jamás se hincó ante un Dios, pero sí ante un hombre. Verlo de rodillas obtuvo de vuelta la atención que tanto deseaba.

Paciencia nunca fue una de sus virtudes, él se había arrodillado con un propósito y con la intención de cumplirlo, ¿qué le importa a Rex la culpa en el rostro del Padre? Mientras tuviera la boca llena. Y vaya que lo llenaba. Incluso con su experiencia, a Rex le costó un poco poder tomar toda la erección del hombre en su boca, pero esto ya era un tema de orgullo. El hombre siseó como si lo hubieran quemado, y una mano se aferró al cabello del joven, parecía casi intentar evitar que Rex se moviera, seguramente rezando un Ave María para evitar correrse inmediatamente.

«Qué divertido», Rex pensó.

Antes de que la falta de aire fuera un problema, el Padre aflojó su agarre, permitiéndole a Rex sacar el miembro de su boca solo lo suficiente para respirar por la nariz, antes de volver a hundirse. El sonido del movimiento no se hizo esperar ya repetición no ayuda la situación, la obscena evidencia de su acto. Había comenzado a llover, pero desde adentro, la lluvia poco ayudaba a esconder el sonido de la garganta del joven siendo penetrada una y otra vez.

"Dios santo...", murmuró el hombre, dejando su cabeza caer hacia atrás, su mano todavía en el cabello del joven cuando su naturaleza salió a brillar y, por instinto, comenzó a dar cortas embestidas hacia esa boca tan caliente y tan mojada.

Segundo mandamiento: no tomarás el nombre de Dios en vano. Increíble como casi es Rex el que lo reprocha, pero tenía la boca demasiado ocupada como para hacer eso.

El Padre había sido reducido a nada más que suaves gruñidos, gemidos callados por su otra mano y respiraciones agitadas, y todo esto también estaba afectando a Rex, quien no dudó en absoluto en meter una mano en su pantalón para lidiar con su propio problema. Apenas hizo contacto con su propia piel, sintió un gemido retumbar su garganta, lo que obtuvo uno más en respuesta del Padre.

¿Es blasfemia sentir que le ganaste a Dios? ¿Es él un hereje por arrebatarle este hombre a Dios? Qué culpa tiene él, cuando es el Padre el que murmura, casi delirante, mil y un cumplidos. "Se siente tan bien. Justo así, chico. Por favor, lindo, no pares. Tú naciste para esto..."

Oh, wow, quizás Rex estaba más urgido de lo que pensó, porque esas palabras vaya que lo estaban afectando. Sentirse ya cerca lo hizo poner el doble de esfuerzo en llevar al hombre a su límite. La mano en su cabello volvió a jalar, y esa es la señal que el joven estaba esperando.

Gracias a Dios es bueno haciendo varias cosas a la vez.

Ya estaba casi ahí, puede que también era lo prohibido de la situación, en un lugar público, en casa de Dios, con un hombre que le había prometido su cuerpo y alma a ese ser, rendido ante un renegado, solo con su boca. Sí. Era eso. Qué bien se sentía tener esa clase de poder.

Repentinamente, Rex siente dos manos tirar de su cabeza, manteniéndolo cerca, tan cerca que sentía en su nariz cosquillas por el vello pubico del hombre, el duro miembro profundamente en su garganta palpitaba mientras liberaba toda la carga, y que caliente, pero maldita sea, Rex habría apreciado aunque sea una advertencia, se estaba ahogando. Por instinto, tiró hacia atrás hasta que pudo liberarse. Tociendo y jadeando, por instinto tragó, y solo unas pocas gotas de semen se derramaron sobre su ropa. No se había dado cuenta que el climax también lo afectó a él, hasta que pudo volver a respirar y sintió su cuerpo temblar con el placer abrumante tan familiar.

Las piernas del Padre se rindieron, por lo que terminaron ambos en el suelo. Rex lo último que esperaba era que el hombre lo rodeara con sus brazos en un abrazo. Más que un abrazo parecía que se aferraba a él, como si agarrarse de Rex fuera lo único que lo estuviera previniendo de caer al infierno.

Pobre hombre, no sabe que ya están ahí.

Rex intenta ser amable, cuidadoso, pero no hay manera gentil de hacer lo que estaba por hacer. Él más que nadie sabe cómo se siente, pero no se puede quedar ahí. Suavemente, Rex mueve los brazos del hombre de su cuerpo. El rostro del Padre se tiñe de confusión, miedo, desesperación. Rex desvía la mirada.

Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa.

Y sin decir nada más, se va.

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|| me encantaría dejar el perfil precioso, pero soy de las que crean un álbum, y luego se olvida de que lo tiene y no añade ninguna foto al álbum. (???)

Si Ant en ingles es hormiga y Onion es cebolla ¿Antonio es una hormiga encebollada?