1 w - Canadá.

La nieve crujía bajo sus botas mientras avanzaban entre los pinos monumentales del norte de Canadá. El aire helado congelaba hasta el aliento, aunque para él apenas suponía una brisa fresca. El calor de Azroth que ardía en su interior lo mantenía tan templado que se había conformado con una chaqueta ligera y desabrochada, una elección bastante cuestionable para cualquiera que los viera pasar.

Entre sus brazos cargaba un buen montón de leña seca para la chimenea de la cabaña a la que regresarían más tarde. De vez en cuando podía sentir la voz de Azroth vibrando en su cabeza, tentándolo con la solución evidente: un poco de fuego y asunto resuelto.

Pero no.

Había algo especial en hacer las cosas a la antigua. Sobre todo aquella noche.

El joven continuó avanzando hasta que algo entre la nieve llamó su atención.

Se detuvo.

Frente a sus botas había una enorme huella hundida varios centímetros en el suelo. Después otra. Y otra más. Formaban un rastro que desaparecía entre los árboles en dirección a las montañas.

Durante unos segundos contempló el camino que habían dejado antes de volver la mirada hacia Zoé Najwa Nimri . Ella, a diferencia de él, iba abrigada de pies a cabeza.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Digamos que no son vacaciones al cien por cien... Tengo que entregar un informe para que nos reembolsen la cabaña.

Soltó una breve risa y acomodó la leña entre sus brazos.

—Pero, eh, te prometí una cita y técnicamente esto cuenta como una expedición romántica.

Miró de reojo las enormes huellas y después volvió a ella, como si aquello fuera un detalle completamente secundario.

—¿Cómo la estás pasando hasta ahora, cariño?

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