Esa tarde en Konoha había sido diferente, la lluvia había comenzado desde muy temprano, cubriendo la aldea con un cielo gris y pesado que parecía amenazar con no despejarse en lo que quedaba del día. Hinata se encontraba intranquila. Kakashi Hatake aún no había regresado a casa & después de esperar durante un buen rato, había decidido salir a buscarlo.

Mientras avanzaba por el camino, sus sandalias chapoteaban suavemente contra los charcos que se habían formado entre la tierra húmeda. Las gotas de lluvia empapaban su cabello y recorrían lentamente su espalda, provocándole pequeños escalofríos por el frío. Pero Hinata apenas reparaba en ello.

En su mente solo había un pensamiento, un único deseo: que él estuviera bien. Quería creer que simplemente se había retrasado por algún asunto de trabajo, que en cualquier momento aparecería frente a ella con una explicación tranquila, como si nada hubiera ocurrido.

Aun así... aquella inquietud no desaparecía. Continuó avanzando entre los árboles, siguiendo el sendero bajo la intensa lluvia. El viento agitaba las ramas sobre su cabeza & de vez en cuado un relámpago iluminaba el bosque durante un breve instante, seguido por el estruendo de un trueno que hacía vibrar el silencio.

Hinata apretó ligeramente las manos y aceleró el paso.
Por qué honestamente ella no pensaba regresar hasta encontrarlo.

—Espero que estés bien, Kakashi-san... —murmuró con preocupación, mientras sus ojos buscaban entre la cortina de lluvia alguna señal de él.

Y así siguió adelante, internándose cada vez más entre los árboles.

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