𝚟𝚎𝚛𝚊𝚗𝚘, 𝟷𝟿𝟽𝟹

Su entrada a Hogwarts había marcado un quiebre irreversible con su familia y a Sirius poco o nada le importaba. Había rechazado los ideales impuestos por sus padres desde que era niño, se había convertido en la "oveja negra", ¿blanca? Tal vez rebelde, de la familia.

Detestaba a todos, menos a su hermano menor, aunque con el tiempo las peleas entre ellos aumentaban y eso lo dejaba mal.

Aquella tarde, sin embargo, Sirius cerró la puerta de su habitación tras de ellos y se aseguró de que nadie los hubiese seguido. Con una sonrisa orgullosa, se agachó junto a su baúl y sacó cuidadosamente varios discos envueltos en papel.

—Mira lo que conseguí —los dejó sobre la cama, uno junto a otro. Eran vinilos muggles, algo prohibido en aquella casa. —No le digas a nadie.

Regulus Black

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