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PLATILLO ESPECIAL
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Lo bueno de estar en la carrera que había elegido para estudiar era que podía recibir clases extra.
Clases con ella, con esa profesora que tanto empeño le ponía a todo, enseñaba con la dulzura de una profesora de jardín infantil. Con una paz que siempre le hacía sentirse en casa y Dohie terminó cediendo, cediendo a las caricias que sultilmente la mujer le regalaba.
Habían empezado como pequeñas palmaditas cuando Dohie hacia algo bien, luego pasaron a caricias lentas, hipnotizantes. ¿Cuándo ella había cedido a tanto? Jamás le había gustado una mujer, al menos no se había sentido sexualmente atraída a una hasta que la conoció. A ella a Ji-Hye. Así se llamaba esa mujer que con miradas inquietas y caricias fugaces la había hecho caer en una trampa de la que le había costado salir.
Y entonces pasó un beso uno tímido e inocente tras finalizar una clase. Y luego llegó otro, y otro. Y eso terminó con su profesora de universidad en el suelo, sin ropa, jadeando su nombre.
No fue solo un encuentro, eso se hizo recurrente, meses saliendo en secreto con la única mujer que en su vida la había hecho sentir completa.
—Te amo, Ji-Hye.—
Dijo Dohie tras uno de esos encuentros. Y el ambiente empeoró, la calidez se evaporó tan rápido como soplido al viento. Lo vio, vio como la mujer se tensaba, la forma en la que su rostro se convulsionaba en una mueca de disgusto.
“Entonces ya no podemos vernos, no de esta forma.”
Dijo la mujer, estaba segura que se había escuchado el momento exacto donde su corazón se había fragmentado.
“Ésto es solo una distracción. Estoy comprometida”
Dijo la mujer sacando su anillo de promesa del bolso. ¿Y entonces qué? ¿Todo lo que había construido en su mente con ella dónde lo tiraba? ¿Se suponía que debía simplemente aceptarlo y dejar morir todo ese mar de sentimientos que Ji-Hye le hacía sentir?. No podía, claro que no podía. Su vida había tomado color con ella y si lammujer ya no estaba en su vida ¿Que le quedaba?
—Entonces eso es lo que soy. . . Un trapo sucio, uno que puedes desechar cuando te aburres. . .—
Sollozó Dohie, y no lo pensó fue directa, con la cuchilla con la que habían cortado trocitos de queso minutos atrás, le rajó la garganta.
Sangre.
Sangre por todos lados. Tanta que ella misma se había bañado en ella, y no, no se veía arrepentida de ello, la dejó ahogarse en su propia sangre, porque así era como Dohie se había sentido, quería que supiera como ella sufría.
—Asi, cariño. . . Ahógate. . . Ahógate como yo lo hice en tus mentiras. . .~
Susurró, extasiada al verla consumirse en la desesperación, ahora ella era lo último que vería con vida y ella sería la causante de su último suspiro.
—Eres hermosa, Ji-Hye. . . Incluso mientras tu vida se agota. . .—
Musitó lentamente en un ronroneo dulce cerca del oído de la mujer que ahora había caído en sus brazos. Depositó besos lentos, cuidadosos, teniendo romperla a pesar de ser ella la causante de su defunción.
Y entonces mordió una de sus manos, arrancándole un pedazo, masticando lo lentamente, saboreando el poco dulzor del metálico de su sangre. ¿Por qué?. . . Sencillo, a causa de sus caricias ella había caído estúpidamente en una trampa que ahora sería su condena el resto de su vida.
Kael Draven
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