Mientras Shiki continúa distrayendo a los guardias, ella ya fue a repartir las toallas a los incautos desprovistos de trajes de baño y a guardar el resto del motín en el auto.
Ahora se sienta en un espacio apartado a hablar con una pelota solitaria, a consolarla por su tristeza y le dibuja una sonrisa.
Refleja la felicidad que ella también desea sentir
