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—Estás lejos de la madriguera, conejito...
*Las zarpas negras del Jinn buscan las caderas ajenas, dónde impone un agarre firme que poco a poco ejerce dolorosa presión. Estando de espaldas aprovecha de rozar la oreja ajena, para susurrar en ella con aliento cálido.*
—Vengo a darte el beso que prometí...
*Sus dientes puntiagudos ejercen presión sobre la piel, pero desaparecen al segundo. Desapareció, como quien se esfuma en el aire.
¿Era una ilusión? ¿Un fantasma quizás?
No. Sus zarpas negras vuelven a reclamar su piel con un apretón inclemente, y esta vez fue directo a la cabeza. El jinn jala de la rubia cabellera de Cecil en un intento de obligarlo a mirar hacia arriba. Al mismo tiempo corta la distancia con una embestida feroz, plantando un brusco beso en los labios ajenos. Para peor, como si atacar así a la gente no le fuera suficiente, usa esa monstruosidad a la que llama lengua para invadir aún más el espacio personal ajeno; un deslizamiento inicial sobre la lengua humana, aplastandola por la enorme diferencia de dimensiones, en busca de colarse hasta la garganta; allí inicia el descenso al infierno, cuando las circunferencia del órgano desarrolla protuberancias picudas que rascan las estrechas paredes de la garganta; en poco tiempo llega a la encrucijada digestiva, pero su objetivo le exige girar en dirección opuesta... Hacía el istmo nasofaringeo; un aplastamiento suave contra el paladar blando y el paso se abre para dejar el camino libre; el ascenso se torna doloroso, culpa de las diferencia de dimensiones que Baal ignora por simplemente empujar más y mostrar "indiferencia" ante lo doloroso que resulta; una caricia suave a la fosa de Rosenmuller, suficiente para provocar estragos en forma de estornudos que nunca llegan y lágrimas que no terminan e incluso saliva derramada a mares.*
(Y aún me falta esa tal... ¿Cómo era? ¿@Susy Octavius ?)