Estudio de Melek, media tarde.
Melek estaba sentada ante su ornamentado escritorio, con una pluma en la mano y un rollo de pergamino ante ella. Respiró hondo y sus ojos morados se centraron en la tarea que tenía entre manos. Un día importante se avecinaba y necesitaba asegurarse de que todo fuera perfecto. Su hijo, Elián, estaba a punto de ser asignado una Sacerdotisa, una ocasión trascendental, y ella quería reunir a sus familiares más cercanos para celebrar y prepararse. Entre otras invitaciones, escribió las siguientes:
Estimado Krinos Vermelho,
Espero que este mensaje lo encuentre con buena salud y buen humor. Se que no ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos por última vez, pero ya se siente la falta, el pequeño no deja de preguntar por usted. Es con gran placer y con un sentimiento de profunda importancia que les extiendo esta invitación formal. Es tiempo de que Elián sea asignado una Sacerdotisa, un momento de inmenso honor y responsabilidad. Para conmemorar este importante hito, sería un gran honor para mí que pudiera acompañarnos en una cena pequeña e íntima en las próximas semanas previas a la ceremonia oficial. La cena se realizará el día 15 de este mes en nuestra residencia. Será un momento para compartir nuestras esperanzas y bendiciones para el futuro de Elián. Su presencia será un testimonio de la fortaleza de nuestra familia y contribuirá enormemente a la solemnidad y la importancia del evento.
Por favor, avíseme lo antes posible si puede asistir. Su respuesta será muy apreciada.
Con la mayor consideración,
Melek.
A continuación, le escribió la invitación a Danielle Delacour, su propia abuela:
A la Honorable Danielle Delacour,
Querida abuela,
Ha pasado tanto tiempo… le he extrañado. Espero que este mensaje te encuentre bien y de buen humor. Con el corazón lleno de alegría y de profundo afecto te escribo, queridísima. Ha llegado el momento de que mi pequeño Elian sea asignado una sacerdotisa. Para celebrar y prepararnos para esta ocasión trascendental, me encantaría que pudieran acompañarnos en una pequeña cena familiar en las próximas semanas previas a la ceremonia oficial. La cena se realizará el día 15 de este mes en nuestra residencia. Será un momento para compartir nuestras esperanzas y bendiciones para el futuro de Elián. Su presencia significará mucho para nosotros y agregará una calidez y comodidad especiales al evento. Por favor, avíseme lo antes posible si puede asistir. Tu respuesta me traerá gran tranquilidad y alegría.
Con todo mi cariño y saludos cordiales,
Su nieta preferida.
Melek selló cada pergamino con el escudo de su familia y los colocó en sobres. Luego llamó a su sirviente para asegurarse de que los entregaran rápidamente. Mientras estaba junto a la ventana, observando cómo se llevaban los sobres, sintió una mezcla de anticipación y orgullo. Las próximas semanas estarían llenas de preparación y celebración, y ella estaba decidida a hacer que cada momento fuera especial para Elián.
De repente, la puerta de su estudio se abrió con un chirrido y entró una doncella de aspecto preocupado, con los ojos muy abiertos, se acercó con nerviosismo y un papel hacia una de sus damas de compañía y fue pronto despachada. Una vez estuvieron en silencio una vez más, la misma dama de compañía ojeó rápidamente el papel que le había sido entregado, frunció el ceño y se acercó con un folleto en la mano y los ojos muy abiertos por la sorpresa.
“Señora, lea esto”, instó, entregándole el folleto a Melek.
Melek aún se encontraba sonriente al aceptar dicho mensaje, aunque sus ojos se entrecerraron mientras leía el folleto, su rostro era una mascara de serenidad, aunque a medida que leía una tumultuosa mezcla de ira, traición y un profundo sentimiento de dolor se apoderaron de ella.
"Joder", murmuró en voz baja, casi riendo, incrédula. Una de las únicas palabras malsonantes que cualquier persona viva hubiera escuchado provenir de ella, las manos apretando los bordes de su escritorio. “Bueno, esto será entretenido”.
Nahiara
Había esperado pacientemente, poniendo la mesa como siempre lo hacía, con el corazón apesadumbrado por el conocimiento de lo que había descubierto, un familiar aroma se esparcía por la habitación, cortesía de su mezcla de té personal, uno que ya por años había sido compartido.
Cuando la puerta se abrió con un sonido, apenas audible pero que sorprendió a la pelinegra en medio de su ensoñación y Vladimir entró, a Melek se le cortó el aliento en la garganta. Vio el tormento en sus ojos, el mismo dolor que había estado carcomiendo su propio corazón. Esta sensación no le gustaba para nada. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez? Muchos. Ella sonrió con amargura al recordar que _Persefone_ también había sido su tema de conversación la última vez.
Sus manos temblaban levemente mientras terminó de poner la mesa, sus movimientos mecánicos y precisos, ella prefería hacer tales cosas ella misma, sentía que era más personal, una rutina a la que se aferraba para tener cierta apariencia de normalidad, y en momentos como este, agradecía el no tener tantos oídos indiscretos alrededor.
“Rouhi”, Melek casi vaciló, casi. Pero a este punto Vladimir merecía sufrir, al menos un poco.
La voz de Vladimir era un susurro suave, casi inaudible, sus pasos vacilantes mientras se acercaba a la mesa. "Por favor, hablemos."
Las manos de Melek se detuvieron y sus ojos morados se encontraron con los de él con una mezcla de dolor y un rayo de esperanza. Podía ver la lucha en su mirada, la misma lucha que ella había estado librando dentro de sí misma. Pero el peso del momento la detuvo. Respiró hondo y su pecho subía y bajaba con esfuerzo. Los dos asientos a la mesa estaban lado a lado, una demostración física de cuán cercanos se habían vuelto, como habían cambiado desde la primera cena donde se habían sentado en cabezales contrarios.
—“¿Cuando?– Al colocar el último plato sobre la mesa, Melek finalmente habló — ¿Cuando la trajiste? ¿Cuando planeabas decirme? ¿Pensabas incluso hacerlo? No creí que me tuvieras tan poco respeto.
Su voz se quebró ligeramente y la fachada de calma se desvaneció.
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Vladimir Vermelho
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Diana Vermelho
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