Albert Royle - Un engranaje extraviado
Nacido y criado bajo el seno de una adinerada familia, Albert fue el primogénito del matrimonio Royle y criado de una forma muy distinta en comparación a su hermano menor.
Para la familia de Albert, el dinero, la influencia y los contactos lo eran todo. Mientras que a su hermano menor le asignaron una educación estrictamente ligada a las leyes y los juzgados con el objetivo de convertirlo en un excelente letrado, a Albert lo encauzaron por la vía de las finanzas y administración. Contar en la familia con un preparado abogado y un CEO empresarial podría colocarlos en una posición muy favorable.
Con aquel objetivo fijado como meta, la infancia de ambos niños estuvo llena de estudios, libros, páginas, letras y números. Por fortuna Albert terminó desarrollando afición por la lectura, y terminó haciendo de los libros una agradable compañía en sus ratos de soledad. Por otro lado, su hermano menor parecía haber desarrollado un don de gentes, resultándose siempre sencillo establecer relaciones y amistades con los demás.
Los años fueron pasando y la mayoría de edad fue llegando al igual que las graduaciones con honores. Ahora, con ambos hermanos reconocidos como adultos dentro de la familia, su padre se encargó expresamente de organizar matrimonios de conveniencia con otras grandes familias para estrechar lazos y extender la red de influencias. Aquel fue el primer evento que hizo reflexionar a Albert sobre su verdadera situación familiar.
La relación entre el varón y la chica de la otra familia había nacido como una sin amor, como era de esperar. Sin embargo, el constante contacto con ella hizo que Albert comenzara a desarrollar sentimientos románticos pese a que estos jamás fueron correspondidos. Al principio el joven pensaba que sería algo temporal; ella terminaría por sentirse atraída hacia él de la misma forma que sucedió a la inversa. Pero a medida que pasaban los meses, a Albert no le quedó más remedio que convencerse de que eso era algo que jamás iba a suceder.
Cuanto mayor era el paso del tiempo, mayor se volvía también la impaciencia de la familia ante la falta de progreso en la relación. La joven sólo lo veía como una herramienta con quien tener hijos y expandir las raíces de su familia, así como sus propios padres quienes buscaron acomodarlo desde niño a sus propios caprichos. Abrir los ojos ante esa realidad fue uno de los momentos más incómodos en la vida de Albert; sentir que nunca había tenido un verdadero poder de decisión en su vida.
Ante la situación que tenía entre sus manos, Albert decidió ofrecer un voto de confianza a sus padres con quienes pensaba abrirse emocionalmente y exponer cómo se sentía. Pero nada más lejos de la realidad, decepcionado por las ideas de su hijo, el padre de Albert estalló en furia desheredándolo y tachándolo como una decepción para la familia. Así pues, todo lo que una vez pudiese haberle pertenecido a él, pasó a manos de su hermano pequeño quien voluntariamente decidía ser moldeado por la familia.
Quizá una parte de Albert ya sabía lo que iba a suceder. Pues en lugar de sentirse desesperanzado o triste, decidió tomar aquello como una oportunidad para comenzar desde 0. Una oportunidad para tomar las riendas de su propia vida y dirigirla hacia donde él quisiese.
Después del encontronazo familiar, Albert simplemente dejó la casa. Tomó unos ahorros que le dejó su madre como acto de buena voluntad y se marchó para no volver. Posteriormente, el tiempo le hizo encontrar una vivienda en alquiler y un trabajo más que decente en una agencia de modelos y talentos.
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