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Hanae Murakami
武士に二言はない
ᴛʀᴀᴅᴜᴄᴄɪᴏ́ɴ:Un samurái no da su palabra dos veces.
A todos los jóvenes de la familia Murakami se les inculcaba desde pequeños tres credos.
El primero, que el honor de la familia primaba sobre todo y todos. Incluidas sus vidas.
El segundo, que ellos no concedían segundas oportunidades. Y eso era ley.
Y el tercero, que ellos no eran simples mortales. Una familia como la suya no podía comprarse con los ciudadanos de a pie. Eran especiales. Eran únicos. Y eran lo más cercano a los dioses que existía pisando aquella tierra.
Cada palabra de estos credos, la aprendían y la interiorizaban hasta ser parte de su ser. Respiraban por el honor familiar. Y su corazón latía por cada letra del apellido que les otorgaba el respeto de todos incluso a los más jóvenes.
Con el paso de los años se habían hecho con el control de varios bancos. Poseían un periódico dirigido por miembros de la familia e incluso, las nuevas generaciones habían logrado hacerse un lugar en la política.
Ese fue el caso de Hisatoshi, quién con su astucia, lengua afilada y amplio sentido del deber llegó a ser uno de los políticos más jóvenes en entrar en la Dieta Nacional, más concretamente en la Cámara de Representantes.
Su trayectoria era impecable, y su único fallo fue cometido en un viaje oficial a Tailandia. Dónde durante una cena con uno de los hombres de confianza del Primer Ministro, conoció a Jaidee, la hija pequeña de este.
La boda de ambos fue una semana después, y, a pesar de las protestas internas dentro de la familia Murakami por la nacionalidad de la chica. Finalmente terminaron por aceptarla.
De aquella unión, nació Hanako. Quién se convirtió en el orgullo de Hisatoshi y la luz de sus ojos. No existía en todo Japón hombre que adorara más a su hija, como tampoco había niña más consentida y protegid
a que ella.
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