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⠀ㅤㅤKaylen se encontraba sentada en un rincón de aquel sitio, abrazada a sus rodillas, indefensa, con el cuerpo cubierto de sängre.
La policía seguía levantando evidencia, buscando al culpable de aquella mäsacre. Los paramédicos aparecieron, cubriendo a la chica con una manta blanca, contrastando el carmesí en su cuerpo; ella avanzó a paso lento, cansado y torpe hacia donde la guiaron.
"Está en shock" escuchó decir a la oficial que se acercó al paramédico, indicándole que una vez que la "pequeña" estuviera lista, debía dar su declaración.
Las luces de las sirenas iluminaban aquella noche lluviosa, dejando ver a espaldas de la azabache la escena del crïmen como una visión de película. Kaylen cerró los ojos, abrazándose aún más a sí misma ya dentro de la ambulancia. Los médicos revisaban sus signos vitales, su cuerpo en busca de laceraciones, señales de conciencia. Y ella seguía en silencio, mirando al frente, a un vacío rezagado al pasado.
Todo comenzó cuando Kaylen tenía tan solo quince años y conoció a Diako, un socio de su padre que la miró con ojos diferentes y le hizo sentir especial por primera vez en su corta vida. Las cosas escalaron demasiado rápido, pues el hombre se ganó la confianza de la adolescente en cuestión de días; aprovechándose de la vulnerabilidad y la falta de atención en casa, sumado a la separación de sus padres y los conflictos entre estos debido al divorcio. Diako engatuzó a la niña diciendo las palabras que ella deseaba escuchar.
Atención, cariño, muestras de afecto, obsequios y ya tenía a la chica comiendo de la palma de su mano.
Para sus padres no fue evidente el cambio de actitud de la rubia, mucho menos el cambio de rutina. Había dejado de asistir a la preparatoria con regularidad para verse a escondidas con aquel hombre, aunque no habían pasado los límites... Todavía...
No fue hasta una noche fría de noviembre en el año dos mil catorce cuando la peor pesadilla de Kaylen comenzó. Ella huyó de casa con una pequeña maleta y la promesa de una mejor vida: viajes, lujos, atención, amor... Y cuando llegó a su lugar de encuentro con Diako, se vio rodeada de un grupo de hombres con aspecto poco amigable. Las cosas pasaron más rápido de lo que puede siquiera pensar. La sedaron, la subieron a una pickup negra sin identificación y condujeron lejos.
No hubo una denuncia temprana por parte de sus padres gracias a la nota que dejó la chica en su habitación "Iré a un lugar mejor, no me busquen". Pensaron al inicio que se trataba de uno de sus berrinches, que regresaría cuando se diera cuenta que la vida independiente no era lo que pensaba... Y los días pasaron... Y siguieron pasando...
Kay, ahora llamada Alexis, estuvo los primeros días bajo los efectos de una potente droga que la mantenía sumisa cuando estaba despierta, esto debido a su constante lucha por pedir ayuda y salir de ahí. "Esto no es lo que me prometiste" gritaba, suplicando ser devuelta a casa. Habiéndose rendido cuando Diako le hizo creer que su propio padre la había entregado. Mientras tanto, sus padres habían comenzado una búsqueda tras las constantes llamadas sin responder y las negativas de sus amigos más cercanos en cuanto a noticias de la chica.
Pasaron dos años, su aspecto había cambiado casi de forma radical. Su cabello, antes dorado, ahora lucía tan negro como la oscuridad en su pecho. Sus ojos azules habrían perdido su peculiar brillo tras los constantes abūsos recibidos por los hombres más ricos que jamás nadie se hubiese imaginado. Figuras públicas, reconocidas mundialmente por su labor de altruismo, empresarios, sacerdotes; hombres de todo aspecto, estatus social e incluso nacionalidad. Alexis perdió la cuenta tras darse cuenta que sin importar cuánto luchase, no podría salir de ahí.
Su cuerpo fue modificado físicamente para mantener la atención de los hombres en ella. Para evitar que su familia o alguien cercano le reconociera.
Hubo cirugías en su rostro, en sus senos. La marcaron como a un animal parte de un rebaño. La doblegaron hasta que cedió toda su voluntad a lo que los cerdos ahí quisieran hacer con ella.
El tiempo siguió pasando...
La noche en que todo pasó, Kaylen había sufrido un severo ataque por parte de uno de los hombres que perdió el control y la gölpeó hasta cansarse.
Tal como si se tratase de una muñeca rota, la dejaron en su rincón tirada. Mientras miraba al techo, dolorida, las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Lágrimas del dolor más profundo en su ser, no físico, sino espiritual. Se preguntaba porque Dios la había abandonado de esa manera. Porque sus padres no la buscaban. Porque el mundo le había dado la espalda de esa forma. Y entonces, con una voz débil, llamó a cualquier ser que pudiera salvarla. Jurando que daría su alma por ver la luz del sol aunque sea una vez más. Por una venganza sólida, concreta, dura. Entonces una figura demoníaca apareció a su costado, acariciando sus cabellos, su rostro mallugado.
"Mi niña... Haz sufrido la inmundicia humana. El abandono del 'todopoderoso, padre de todos'. Yo estoy aquí, mi niña. Solo tienes que aceptarme... Y todo esto habrá sido una pesadilla..." Le susurró una voz femenina que solo podía escuchar en su cabeza. Suave, dulce, angelical. Kaylen, sin voluntad y con sed de venganza, susurró un "acepto" y cerró sus ojos.
Entonces Lilith hizo lo suyo. Tomó el cuerpo de la moribunda Kaylen y se encargó de que cada uno de los hombres en ese burdel pagaran por sus actos. Todos y cada uno de ellos fueron abatidos. Sus corazones fueron decorados y sus cabezas cērcenadas. Algunos incluso sufrieron desmēmbramiento. No tuvo piedad alguna, tal como ellos no la tuvieron.
Le cedió la conciencia a Kaylen solo para que viese con sus propios ojos su venganza concluida. Fue ella quien llamó a la policía, y luego se quedó sumida en aquel silencio. Lilith la durmió en su conciencia y mantuvo el mando de aquel cuerpo a partir de entonces.
El caso se cerró como "un cliente enloquecido que abatió con todos y luego se suicidō" siendo "Alexis" la única sobreviviente debido a que la habían creído muērta por su estado.
Cuando se reencontró con sus padres, habló de esa etapa como un castigo. Cómo una pena que cargaba por haber creído. Nadie jamás toca el tema, habiéndolo dejado atrás como una página oscura, ahora arrancada de la historia de su vida...