Dejar los cigarros es un duelo que suele perderse en los primeros días, especialmente cuando su consumo es constante. Su caso, su primer intento desde que empezó a fumar desde los diecisiete años, no es la excepción. Cuatro días a base de pura terquedad, pero sus consecuencias fueron graves; Un carácter del carajo que casi le costó su empleo mal pagado, arrancarse las puntas de las uñas, rascarse los antebrazos hasta sangrar y llegar tarde a una cita a la que intentó llegar sin olor a tabaco y nicotina. Sin embargo, lo peor fue lo que le siguió ni bien cruzó la puerta de la casa.

"Nop, mi hermana tenía razón; vestir elegante no te queda"

El océano desbordó sus párpados antes de poder reaccionar. Los recuerdos quemaron el alma con la rapidez con la que las lágrimas cayeron. Voces del ayer sepultado buscan emerger desde las cenizas. En el reflejo de sus ojos grises, a través del telón azul, rostros familiares reviven en una cruel secuencia de imágenes.

"Pobre chica, creyendo promesas de la persona equivocada... Igual que yo"

Su infierno nace en las memorias. Su infierno crece entre los chasquidos del encendedor. Y su infierno perdurará incluso en su letargo.

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