Aly añadido nuevas fotos a Writing
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⠀⠀ㅤㅤ⠀ㅤㅤ“ You gonna be alright...”

Aunque los medicamentos que consumía para su rehabilitación mental influenciaban en sus horas de sueño, sabía que debía estar totalmente sobria para la mañana siguiente. Por lo que pasó toda una noche en vela, cuestionándose que valía la pena y que no. Cuando su alarma sonó, a las cinco de la mañana, la rusa tomó su baño habitual y su rutina del diario.

Desde la tarde anterior había llamado a su médico de cabecera, terapeuta, abogado y hasta a su Shiki para hacerle saber que estaría fuera por un buen tiempo. Su abogado le hizo saber diversos escenarios de lo que podrían hacer en caso de que a pesar de las pruebas hubiese resistencia. Pero ella no prestó atención. Para las siete de la mañana de ese día, Aly ya se encontraba en el hospital donde hacía sus pruebas antidrogas mensualmente. Esme, su enfermera asignada, una mujer de poco mas de cincuenta años la recibió con un abrazo y un caluroso saludo.

— Pequeña saltamontes, tu cita mensual es hasta dentro de dos semanas, ¿Qué haces aquí?

– Ya lo sé, Esme, es sólo... Trámites legales.

— ¿Nuevo empleo?

La rusa negó. El nudo en su garganta no le permitió hablar como hubiese querido, y la mujer pudo notarlo. Frotó su brazo con suavidad mientras la miraba y esperaba a que se recompusiera.

– Es... Me pidieron una revisión adicional para el juicio. Supongo... Que estarás viéndome con mayor frecuencia por aquí. – Dijo con una risa amarga, mientras la seguía hasta el interior del consultorio. La rutina era la habitual: debía desvestirse y colocarse la bata de hospital que usaría durante los siguientes minutos. Hacía un esfuerzo sobrehumano para no llorar. Y es que de tan sólo pensar que atrasaría su dosis medicinal, le ponía nerviosa, pues debía estar limpia incluso de lo que le hacía medianamente bien.

— Bien, preciosa. Espero que hayas tomado suficiente agua antes de venir. Ya sabes, aquí está el bote, no necesitas llenarlo, hasta la marca es suficiente. — hablaba la mujer con total calma mientras preparaba los demas instrumentos que utilizaría. La rusa suspiró y se metió en el pequeño cuarto de baño, con la puerta abierta. Cuando el bote tuvo el contenido deseado, lavó sus manos y se aseó como era debido. A pesar de estar en completa soledad con Esmeralda, Aluca sentía un montón de ojos sobre ella. — Ven, pequeña, siéntate aquí.— Indicó la mujer en tanto Aluca tomaba asiento en la camilla. — Ya sabes que sigue, no duele, sólo sentirás un pequeño pinchazo. — Murmuró con dulzura mientras le preparaba el brazo para extraer la sangre. Una vez hecho esto, la enfermera dejó la capsula con el líquido en su respectiva hielera.
Echó un fugaz vistazo al plástico dentro del bote con orina e hizo unas anotaciones en su carpeta.

— Abre la boca, di "ah". — Aly lo hizo sin mucho entusiasmo, mientras la mujer con un hisopo, tomaba un poco de saliva del interior de la boca de la chica. Una vez hecho eso, le indicó que podía recostarse. — Volveré en un momento, ponte cómoda, la ginecóloga ya no tarda en venir. — le acarició los cabellos, pues Esme comprendía lo difícil que resultaba para la rusa todo ese proceso.
Cinco minutos después, la enfermera apareció nuevamente con su alegre sonrisa. Ya había llevado el resto de las pruebas a su revisión.
— A ver, pequeña, déjame ver tus manitas. — Con un profundo suspiro, Aluca extendió sus manos, permitiéndole ver entre sus dedos con detenimiento, también entre sus uñas, las cuales aún tenían el mínimo rastro de esmalte. Revisó del mismo modo los dedos de sus pies. Y así, con meticulozo detalle revisó cada músculo en el cuerpo de la mujer. Todo músculo apto para recibir un pinchazo.
— La buena noticia es que la dieta te ha servido demasiado, has ganado peso, Ali hermosa. No hay ni un sólo rastro de anemia o drogas en tu cuerpo. — comentó con alegría, preparándola ahora para lo que seguía.

– Yo sé que tú confías en mí, Esme. ¿Por qué lo haces si no me conoces? – Preguntó con nostalgia, limpiando una que otra lágrima que había escapado .

— Porque he visto tu progreso. A veces la ley no es tan justa, ¿Verdad? — le acarició nuevamente los cabellos, al tiempo que terminaba de acomodar las piernas de la rusa en las reposaderas.

Una vez más, Aluca se sintió expuesta. Y en silencio, mientras la ginecóloga exploraba su interior, la rusa lloró. Después de una revisión a fondo, le indicaron que podía vestirse. No recordaba haberse sentido así de ultrajada. Para cuando terminó de vestirse y salió del consultorio, su abogado ya le esperaba afuera con un folder en ambas manos.

— Buen día, señorita Nékrasova. Tengo los resultados del hospital y la carta de su psiquiatra. Está completamente limpia. — anunció con gran entusiasmo y una sonrisa en el rostro. Aluca lo miró y sonrió de lado.

– Excelente... Hazme saber cuando sea la fecha para ver al juez. Ahora... Gracias, Jones, por estar aquí. – le sonrió apenas, dando una suave palmada en su hombro al tiempo que se encaminaba a la salida. El resto ya no le correspondía a ella.

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