—Bueno... ahora que pude descansar, creo que tengo un poco más claras las cosas que tengo que hacer.
Su mirada se detuvo en la pequeña lámpara junto a la cama. Zoe acostumbraba dejarla encendida algunas noches, al menos hasta que lograba conciliar el sueño. Erison permaneció observando aquella tenue luz durante unos segundos mientras ordenaba sus pensamientos.
—Primero: reclamar el rancho de mi padre. Tendré que darle bastante mantenimiento; está demasiado descuidado.
Hizo una breve pausa.
—Número dos: preñar a Zoe.
...
El silencio que siguió pareció obligarlo a reconsiderar sus propias palabras.
—Aunque... tal vez esa parte del plan debería dejarla para después. Todavía no lo tengo del todo claro.
Su cuerpo ya estaba preparado para levantarse de la cama cuando un peso cálido a su alma lo obligó a permanecer recostado.
El pelinegro sonrió apenas.
No necesitaba girarse para saber que era ella.
Zoe dormía tranquilamente sobre su espalda, aprovechando aquel calor constante que siempre emanaba de él; un calor que, de alguna manera, parecía pertenecerle también a ella.
Permaneció inmóvil durante unos instantes, evitando cualquier movimiento que pudiera despertarla.
—Ah...
Su sonrisa se volvió ligeramente traviesa.
—Tal vez pueda comenzar con un primer intento cuando despierte.
Volvió a acomodarse sobre la cama.
—Mientras tanto... supongo que llegar tarde al entrenamiento de hoy tampoco será una tragedia.
Alessandro Moretti
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