—Por amor al averno, alguien esterilice a ese gato...
Musitaba entre adolorida, encantada, adormilada, con hambre y agotada.
No recuerda en todos sus años haber conocido a un hombre tan capaz y, más aún, que le enseñara cosas que no creía ya saber, pero seguía sorprendiéndola de sobras.
—Mis piernas siguen temblando... Jamás creí decir esto pero me urge un descanso...
Varian Vellum
Se acercó hasta el borde de la cama y dejó la bandeja sobre la mesita, con cuidado de no golpear nada.
—Desayuno. ~ — Dijo en voz baja, casi un murmullo—. No te muevas si no quieres. Te lo acerco yo.
Se sentó a su lado, sin invadir demasiado el espacio. Sus ojos recorrieron un instante sus piernas bajo la sábana, notando el temblor residual, y la comisura de sus labios se curvó apenas, entre culpable y orgulloso.
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