ᴅ ᴏ ɴ ᴅ ᴇ
ʟ ᴏ s
ᴅ ɪ ᴏ s ᴇ s
s ᴀ ɴ ɢ ʀ ᴀ ɴ


El suelo del Reino de la Picas exhalaba un frío sepulcral, pero allí la única ley que importaba no era la temperatura, sino la fuerza de la gravedad.
Dante Zogratis sonreía con esa suficiencia vacía de los tiranos, creyéndose intocable bajo el manto de su magia oscura. Frente a él, Nacht Faust no mostraba miedo, apenas un cansancio calculador. En un destello de sombras y contratos prohibidos, Nacht invocó el poder de Slotos, fundiéndose en su Devil Union: Equus. Su cuerpo se cubrió con una coraza maciza y brutal, un muro viviente diseñado para soportar la presión que aplastaría a cualquier otro caballero mágico. Los golpes de gravedad chocaban contra él como meteoritos, pero resistía.
Sin embargo, Nacht lo sabía bien: su papel no era el de verdugo. Su fuerza bastaba para contener al monstruo, pero no para destruirlo. Para eso necesitaba al hombre que estaba a su lado, inmóvil bajo el peso asfixiante de la tierra.
—¿Eso es todo? presumir es muy fácil Jack, pero veo que solo eres una farsa.
Le dijo Nacht con un tono serio y altibo tratando de que su compañero se levanté del suelo.
Jack el Destripador escupía sangre, con la sonrisa torcida de quien ha vivido únicamente para una sola cosa, ”cortar" La gravedad lo doblaba hacia el suelo, y la voz de Dante resonaba como una burla constante, comparándolo con Yami, tratándolo de fracasado que jamás alcanzaría la cima. Pero en la mente de Jack no había lugar para el insulto, solo había ruido de hojas, el recuerdo lejano de una montaña nevada y la promesa jurada de que, tarde o temprano, todo en este mundo terminaría abriéndose ante su filo.
—Los humanos débiles... solo sirven para estorbar
Escupió Dante, seguro de su inmortalidad.
Jack levantó la mirada. Sus ojos brillaban con una locura afilada. En ese instante, la presión dejó de ser un obstáculo para convertirse en el desafío definitivo. Su grimorio se agitó con violencia y su magia evolucionó, adaptándose al horror que tenía en frente.
La guadaña invisible de sus brazos brilló con una intensidad salvaje. Jack rugió, rompiendo el aire, y con un movimiento tan preciso como desquiciado, cortó la mismísima magia de gravedad.
El tajo rasgó el espacio y surcó el pecho de Dante. La sangre brotó del cuerpo del villano, y por primera vez en mucho tiempo, la sonrisa intocable de un miembro de la Tríada Oscura se quebró ante la constatación de que incluso los dioses de la Pica podían sangrar cuando se cruzaban con el filo de un loco.
—Imposible... Un simple humano... —renego el patriarca de los Zogratis, sintiendo otra vez el aguijón de la derrota cercana.
Nacht dio un paso al frente con su armadura pesada, disipando la tensión acumulada. El combate parecía decidido, y la victoria de los Caballeros Mágicos se dibujaba en el aire gélido de la Pica.
Pero el destino en los infiernos nunca es tan piadoso.
El suelo comenzó a temblar con una vibración distinta, un eco pesado y enfermizo que no provenía de la magia de gravedad, sino de algo mucho más antiguo y retorcido. Las sombras a los pies de Dante se retorcieron, estirándose como extremidades famélicas, y el aire se volvió irrespirable.
De la oscuridad surgieron dos siluetas gemelas con una sonrisa burlona y ojos vacíos de cualquier rastro de humanidad. Lilith y Naamah.
Los demonios supremos del alto rango hicieron acto de presencia, desprendiendo una presión absoluta que hizo que la armadura de Nacht se sintiera de plomo. La falsa sensación de triunfo se evaporó en un parpadeo. Dante, recuperando su sonrisa perturbada gracias al retorcido poder que lo respaldaba, comprendió que el juego real apenas comenzaba. Los dioses de la Pica no estaban solos, y el abismo acababa de abrir sus puertas de par en par.

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