—Bien, cariño. Hablemos de cómo quieres perder la próxima vez.

Ariadne estaba bastante segura de sí misma al jugar naipes con apostadores de alto rango. Por supuesto que usaba sus talentos ocultos para garantizar una demoledora victoria al final de la partida, pero ese era un secreto que nadie más conocía.

—Esta vez duplicaremos la apuesta, ¿Te parece? Aunque si me ganas, tal vez podría premiarte con un beso.

Tan segura estaba que no estaba de más bromear un poco al respecto y tentar a su oponente a intentarlo con más ganas.

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