El viento se colaba por las rendijas del establo, olía a heno dentro de aquel espacio. Una presencia que deseaba permanecer anónima se hizo presente, sigilosa en aquel rincón solitario, alejada del ajetreo del palacio.
Katherine avanzó con paso lento entre las sombras, llegando al compartimento que Caos había ordenado para su corcel. Ahí encontró al precioso ejemplar que el Emperador le regaló. Lo miró, al principio, con recelo; asegurándose que Onyx siguiera ahí, intacto.
A lo lejos, la música y las risas de una celebración se filtraban como un eco distante, un mundo ajeno del que no sintió haber formado parte en ningún momento.
Sus manos rozaron las puertas del compartimento, sus ojos adaptados a la penumbra le permitían mirar cada movimiento.
Katherine entró y acarició la cabeza de Onyx, recibiendo como respuesta una especie de reclamo. El corcel golpeó la parte superior de su hocico contra la mano de su ama, ofendido. Ella había dejado de visitarlo durante mucho tiempo, encerrándose en su habitación desde la muerte de su primogénito.
— Perdóname... — susurró, acercándose para atraer la cabeza del corcel, extendiendo la caricia a través del cuello del animal con firmeza.
Al inicio, el abrazo fue un tanto rígido, pero con el paso de los minutos y de las caricias constantes, ambos fueron cediendo hasta que encontraron consuelo entre sí.
En el calor del cuello del animal, Katherine encontró uno de los pocos refugios que le quedaban, quizás al único al que podía aferrarse de esa manera. Se sentía cansada de una forma inexplicable, no había nadie en ese lugar con quién pudiera hablar, ni un amigo en quién confiar.
Las damas de la corte eran distantes, envidiosas del estatus que ella alcanzó sin habérselo propuesto; sin conectar con ninguna de ellas para compartir la pesadumbre de su interior. Los subordinados del emperador nunca dejaron de verla de forma extraña, aquella con la autoridad suficiente para comunicar la voluntad del señor, sin abandonar nunca su percepción hacia ella como una adquisición, un botín más de guerra. ¿Y sus hermanos, siquiera la aceptarían? Después de la distinción en la preferencia de su trato.
Luego estaba Caos... con quien se había formado una brecha emocional tras esa noche, la más oscura que podía recordar. Dejándose devorar por la soledad y el silencio; desde entonces no volvió a pasear por el jardín, ni a involucrarse en nada más.
— Vamos a salir, ¿sí? ¿me acompañas? — acarició el puente de la cabeza de Onyx y se alejó un poco, ofreciéndole una manzana que traía escondida entre las mangas de la ropa. Mientras su corcel comía, Katherine colocó la montura en su lomo y después lo sacó del compartimiento.
Avanzó despacio a su lado, sosteniendo las riendas con su mano derecha sin tirar de ellas y a la par, con la misma diestra, acariciaba su cuello, mientras la izquierda se posó en la parte baja de su cabeza. Discretamente se sostenía de él, al haber estado recluida por sí misma durante tres meses, en nulo movimiento, su cuerpo no le respondía con la soltura deseada.
En el exterior la luz de luna bañaba el paisaje, pero ella no se atrevió a levantar la mirada hacia los cielos; permaneció cabizbaja y aferrada al pasmoso andar de Onyx.
— ¿Planeas escapar? — la voz provino de su espalda, causando que ella se detuviera al instante, pausando hasta el movimiento de sus prendas.
Era la voz de Caos, en un tono que no alcanzó a descifrar.
¿Estaba molesto? La severidad en sus palabras, aprendió con el paso de los años, le salían de forma natural. Su voz le erizó la piel, siendo las últimas veces que lo escuchó a través de la puerta, el Emperador respetando su espacio, su luto, sin forzar el acercamiento...
Apretó ligeramente los labios y giró el cuerpo en su dirección, aunque no se atrevió a verlo plenamente hacia el rostro. Era la primera vez que salía desde su confinamiento auto impuesto; y, aunque creyó que la festividad de la corte le serviría de distractor para escabullirse por un momento, lo subestimó a Él.
(1/2) With Alfon Ashudora Moonclaire
joseph Zamora
Supongo que eso pasa cuando das demasiado de ti, algo se va, algo se rompe y debo aprender a vivir con ello
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