— A ver, a ver... Que yo sé que eres adicta a la cafeína... Pero pedir siempre lo mismo... —Rodeó su cintura con un brazo mientras se acercaba a ella, mirando por encima de su hombro. — ¿Por qué no aceptas la recomendación de la casa?

La miró con una sonrisa ladeada, casi como si fuera un reto. Su mano permaneció sobre su cintura, de modo que estaban demasiado cerca.

— Te prometo que te va a gustar... Y además la casa invita. Es un ganar-ganar, bonita.

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