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Si bien cuando estuvo viviendo en el hotel, no habΓa dejado las drogas, ahora que habΓa regresado a la torre V las consumΓa con mΓ‘s frecuencia y en mayores cantidades. Valentino le proporcionaba sustancias a raudales y Γ©l no las rechazaba ni una sola vez, ahora y mΓ‘s que nunca, sentΓa que las necesitaba.
Las necesitaba para sobrellevar, no sΓ³lo los abusos que se presentaban a diario en su trabajo, sino tambiΓ©n los abusos de su jefe, los cuales ahora cometΓa con mΓ‘s rabia y violencia, como si quisiera castigarlo o desquitarse por haberse mudado.
Y por sobre todo, tambiΓ©n necesitaba las drogas para evadir la realidad que ahora vivΓa, mitigar el dolor de la traiciΓ³n que habΓa hecho y adormecer todos sus sentidos para olvidar cualquier cosa sobre el hotel Hazbin... No querΓa recordar los bellos momentos que disfrutΓ³ en ese lugar, los amigos que habΓa conseguido, la falsa libertad que por un tiempo creyΓ³ que tenΓa y, lo mΓ‘s importante que todo, querΓa ahogar la leve esperanza que alguna vez tuvo de ser mejor y alcanzar la redenciΓ³n.
Encerrado en su habitaciΓ³n, estaba sentado frente a su tocador, rodeado de decenas de drogas que ya habΓa probado. De seguir vivo, muy seguramente habrΓa tenido otra sobredosis pero muy al contrario de ello, comenzΓ³ a tener alucinaciones. Tuvo una bastante concreta donde el protagonista era alguien que poco a poco se colocΓ³ en su corazΓ³n; el cantinero del hotel.
Un pequeΓ±o Husk saltaba animadamente rodeando su cabeza una y otra vez como en un carrusel.
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