𝔓𝔬𝔟𝔯𝔢𝔰 𝔡𝔢 𝔞𝔮𝔲𝔢𝔩𝔩𝔬𝔰 𝔮𝔲𝔢 𝔡𝔲𝔢𝔯𝔪𝔢𝔫 𝔱𝔯𝔞𝔫𝔮𝔲𝔦𝔩𝔬𝔰

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Lo prometió y cumplió la deuda:

Astrid se las arregló para conseguir, a esas horas de la noche, tres empaques completos de huevos. A partir de la invitación fue cuestión de un par de horas para escuchar que el auto de Aly tomaba lugar afuera, bajo su ventana.

Astrid cargó su bolso, los huevos, una botella del vodka más barato que encontró en el mismo mercado y, claro, jugo de arándanos.

¿El plan de esa noche? Casa por casa, ir pintando de huevos las paredes.

— Un pequeño adelanto de halloween.

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