𝔓𝔬𝔟𝔯𝔢𝔰 𝔡𝔢 𝔞𝔮𝔲𝔢𝔩𝔩𝔬𝔰 𝔮𝔲𝔢 𝔡𝔲𝔢𝔯𝔪𝔢𝔫 𝔱𝔯𝔞𝔫𝔮𝔲𝔦𝔩𝔬𝔰
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Lo prometió y cumplió la deuda:
Astrid se las arregló para conseguir, a esas horas de la noche, tres empaques completos de huevos. A partir de la invitación fue cuestión de un par de horas para escuchar que el auto de Aly tomaba lugar afuera, bajo su ventana.
Astrid cargó su bolso, los huevos, una botella del vodka más barato que encontró en el mismo mercado y, claro, jugo de arándanos.
¿El plan de esa noche? Casa por casa, ir pintando de huevos las paredes.
— Un pequeño adelanto de halloween.
Aly
No iba a dar explicaciones. Por lo que, tras pagar y cargar su Jeep, encendió un cigarrillo y subió, emprendiendo camino en dirección a la casa de su nueva amiga.
No fue necesario sonar el claxón, pues la vio venir apenas terminó de estacionarse.
Bajó del vehículo para ayudarla, le sonrió al ver el vodka y asintió.
— Muy buena elección, pequeña. ¿Lista para huir de la policía?
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