*El tacto es repentino y a traición, empezando por las caderas con un ascenso lento hasta el plexo solar. Allí los dedos buscan entrelazarse en un candado irrompible.*

—¿Y por qué no? Si te molesta, entonces voy a pincharte otras cien veces más.

*Así es como responde a su pregunta. Invadiendo su espacio, con un susurro peligrosamente cercano al oído.*

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