Aunque la sobras de reconstrucción del hotel iban viento en popa, y la radio que Alastor le regaló le ayudaba a conciliar el sueño, Lucifer realmente no descansaba. Demasiado preocupado, aferrándose a la esperanza de que Lilith regresaría, aunque solo fuera por que el infierno estaba hecho un desastre, o que Charlie, si de nuevo volvía atener su hotel, su hogar regresaría. No por que realmente creyese que eso iba a pasar, si no por que al ex rey del infierno no le quedaba nada más de lo que sostenerse.
Alastor
— Buenos días, Majestad. Arriba.
Dejó el desayuno sobre la mesa y, tras echarle un vistazo, añadió con una sonrisa:
— Baño, vestirse y desayunar. En ese orden. No pienso permitir que se salte ninguno.
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