—No tienes rostro...
Tal vez ni siquiera te he conocido aún, pero te anhelo a mi lado.
Deseo sentir que importo, que seré protegido, que puedo ser fuerte pero no debo serlo si te tengo conmigo.
Anhelo el cálido tacto de tus manos, una sonrisa dulce y esa mirada en la cual todo diga: "Estoy aquí, no temas".
Porque si, incluso el mismo diablo teme, teme la vida eterna en una soledad angustiante.
No tienes rostro...
No tienes voz...
No tienes nombre...
Y, aún así, no sabes como te añoro, como deseo darte todo mi ser, todo mi amor, todo de mi.
Por favor, mi amor, llega pronto. Llena el vacío que llevo a cuestas, calma mis ansias de afecto y resguárdame en tus brazos, hazme sentir que siempre he pertenecido a ellos, aún si tardaste en llegar.—


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