— Hm... Y pensé que habría cambiado algo —Miró la estación a su al rededor y luego, como se perdía la carretera entre los árboles. Se ajustó la guitarra al hombro, mirando la hora. El autobús había llegado antes y su primo seguramente vendría en camino. — Heredia, sigues oliendo a naranjas pisadas. —Canturreó, inhalando profundamente el olor a tierra mojada y a zumo de naranja silvestre. Había vuelto a casa.

image