A penas acababa de despertar, y caminando por las calles, bostezando y frotándose los ojos, vio pasar unos cuantos fantasmas en fila cual orugas procesionarias.
—¡Eh! ¡Que aún falta un mes!¿No?—aun así, largó una escandalosa carcajada y se puso a seguirlos por el "a ver qué pasa", ahora que RImuru no miraba.