Se queda recostado a la orilla de una pequeña pileta, mirando en el agua el reflejo del cielo, aburrido pues parece que ya todos duermen pero él no, no tiene sueño alguno.

—¿Qué podrías hacer? Tal vez caminar en el bosque... recoger flores o setas...
Odio las noches tan serenas, dejan que sobrepiense.