—Justo estaba saliendo por el pan, pero primero tengo que hacer algo y luego podré irme ♪
*Sus agarre fue brusco, violento cuál mordida de perro hambriento. Sus manos sujetan el rostro de la pelirroja con la insensibilidad del fuego que se aferra a la madera, y de esto se aprovecha para borrar la distancia que separa sus labios con un beso agresivo e invasivo.
Al principio fue su lengua la que forcejea para abrirse paso, pero sufre una grotesca metamorfosis al segundo de encontrar una apertura; la forma gana mayor longitud, permitiéndose poder retorcerse por toda la cavidad bucal hasta llegar a la uvula; el grosor aumenta, y en conseguir logra aplastar la lengua ajena mientras avanza hasta amígdala; repentinamente obtiene una bifurcación, una división de ese órgano monstruoso que busca arrastrarse en terrenos que no debería; una parte de la lengua desciende por el orofaringe, forcejeando con el estrecho espacio hasta la entrada de la hipofaringe; por otro lado, algo mucho más desagradable, la otra mitad del la lengua asciende en busca de rozar la nasofaringe; busca asfixiarla, regocijarse un poco en el sufrimiento ajeno.*
Dohie Johari
Lo que sí realmente no había esperado fue todo lo que sucedió luego de eso. Las manos que le tomaron con violencia de un depredador hicieron que la colorada diera un pequeño salto tras respingar por la sorpresa, sus ojos se abrieron casi como platos causa de los movimientos inesperados.
—H-Hey... Espera ¿Qué-...?—
Ni siquiera llegó a formular por completo la pregunta porque cercanía repentina le dejó sin aliento. Un beso robado, era la primera vez que le robaban uno. ¿Así se sentían los demás cuando era ella quien tomaba la iniciativa?. Pero no tenía sentido, estaba siendo besada POR UN HOMBRE. Intentó forcejear pero claramente su fuerza no era la suficiente como para librarse de las garras ajenas.
Fue entonces cuando al querer quejarse nuevamente el músculo viscoso invadió su cavidad, una repentinamente una oleada de nerviosismo y vergüenza azotó su cuerpo haciéndola temblar por unos momentos. Sus manos temblorosas subieron con extremo cuidado por los costados del moreno hasta detenerse en aquellas grandes y fuertes manos que la sostenían del rostro. La sensación grotesca de sentir como una masa amorfa invadía su garganta le hizo soltar un pequeño jadeo. Eso no era un beso normal, era la mismísima muerte reclamandola en persona.
Ella tantas veces había deseado morir en ese corto tiempo y ahora parecía que sus reclamos habían sido escuchados. Respirar se le hizo imposible, y entonces su mirada llena de sorpresa se suavizó con cariño, con dulzura, agradecida. Le estaban dando fin a su tortuosa vida y eso era lo que ella había deseado.
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