—Hay veces en las que no me entiendo ni yo mismo. Llevo años en los que no sé que es tener una noche tranquila... Y cuándo la tengo, ¿Por qué me siento así? ¿Es culpa de no mantenerme ocupado y dejar libre mi mente para atormentarme? —Rasguea. Una, dos veces, cambia de acorde, presiona los trastes y vuelve a repetir el rasgueo. —¿Qué estaría haciendo un "yo" que no conoció esta vida? ¿Estaría estudiando para un examen? ¿Quejándome de tareas de la universidad? Sin saber que en otra vida cada noche se trataba de no perderla...

Golpea las cuerdas con la palma zurda para detener la vibración y por ende el sonido de las mismas. Apoya ambos brazos en el cuerpo del instrumento, los cruza y su mentón ahora descansa en el antebrazo que se ubica encima del otro. —¿Crees que mi vida sería mejor, Yzis? —Miró a un lado, dónde evidentemente no hay nadie, tampoco recibe respuesta. Suspira, regresa la vista al frente. —Claro. Casi olvido que la vida de un simple humano no es la gran cosa para ti.

Murmuró desganado. "No es eso. No tiene caso pensar en algo que no tienes. ¿De qué sirve?" Y finalmente recibió respuesta, una no muy grata. —De nada, supongo. —Cerró sus parpados unos segundos. Exhaló de manera ruidosa y volvió a acomodar sus manos, zurda en la boquilla de la guitarra y diestra en el mástil, con sus dedos listos en los trastes correctos. —Creo que no volveré a pedir una noche de descanso, duele menos un golpe de hombre-lobo que un golpe de realidad.

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