Jeremy habia delegado sus obligaciones, no había estado el tiempo suficiente con su chica, así que decidió sorprenderla.
Ya había enviado un ramo de flores a su puerta pero no era lo mismo para él si no se las daba de manera personal.
Colocó la ubicación en la cafetería y condujo sin más hasta llegar.
Desde afuera se veia un lugar muy cálido, a través de la ventana se podía ver a su amada, quien preparaba café de manera profesional.
Aparcó y tomó las bolsas que traía consigo y las flores. Para su suerte, no había tanta gente así que podría llamar la atención de la dueña un rato. Ella parecía que no lo había visto, se sentó en la barra y dejó todo sobre ella. Colocó su codo sobre esta y reposó su rostro en su mano mientras la observaba.
-¿Ya te había dicho que me gustas mucho?
Comentó con un tono de voz más sutil que lo habitual.
Odette Vuitton

Odette Vuitton
Aquella mañana se encontraba especialmente concentrada.
Detrás de la barra, preparaba café con una precisión casi obsesiva, revisando que todo estuviera en orden mientras el aroma de los granos recién molidos llenaba poco a poco el lugar. Entre proveedores, cuentas y pendientes, apenas había tenido tiempo para levantar la mirada. Tanto así que no notó la llegada de Jeremy. Ni siquiera escuchó la puerta abrirse.
Continuó con lo suyo hasta que una voz conocida consiguió sacarla completamente de su concentración. Odette se quedó quieta por un instante. Alzó lentamente la mirada y sus ojos se encontraron con los de Jeremy, sentado tranquilamente frente a ella. La sorpresa fue evidente en su rostro.
—¿Pandita…?
Sus labios se curvaron inmediatamente en una sonrisa, mientras dejaba sobre la barra aquello que tenía entre las manos.
—¿Desde cuándo estás ahí? —preguntó, soltando una pequeña risa. —Ni siquiera te escuché llegar.
Entonces miró las flores y las bolsas que había dejado junto a él. Su expresión se suavizó y sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado..
—Así que viniste a sorprenderme…
Rodeó la barra y caminó hasta quedar frente a él. Tomó una de las flores entre sus dedos y la contempló durante unos segundos antes de volver a mirarlo.
— Me encantan... son tan hermosas, pero lo más hermoso, eres tú.
Se inclinó ligeramente hacia él, dejando escapar una sonrisa traviesa que permitió ver apenas la punta de uno de sus colmillos.
—Aunque deberías tener cuidado, amor. Sabes que no es muy prudente hacerle ese tipo de cumplidos a una vampira. —
Se acercó un poco más y, con suavidad, dejó un beso rápido sobre sus labios.
—Aunque… —murmuró, quedándose cerca de él— debo admitir que me encanta escucharlo de tus labios decir que te encanto.
Eliminar comentario
¿Seguro que deseas eliminar este comentario?