No pretendía llegar a esto, pero se había pasado de copas en el bar local y ahora debía caminar a casa en estado de ebriedad.
Clark se había ofrecido a llevarlo, por supuesto que lo había hecho. Pero Robert no habría aceptado la ayuda, colocándose a sí mismo en esa posición de vulnerabilidad.
Las calles estaban solas y él iba tan lento como una tortuga, algunas personas lo veían de reojo pero pronto volvían a sus propios asuntos. Él, por su parte, no podía evitar sentirse paranoico, como si alguien estuviera esperando a que se despistara para correr hacia él en un parpadeo.
Sin embargo, nada pasó.
Nada más que un mareo que consiguió al voltearse de forma repentina, creyendo que encontraría una silueta que nunca estuvo allí.