~ El primer encuentro. ~
Vincent era un hombre solitario, sin una mujer a su lado, había perdido incluso a sus padres, después de la muerte de su padre no hubo tiempo de dolor tenía que tomar las riendas de la mafia que su padre años atrás había formado.
Cómo primer mandato, el estaba dedicado a cobrar las deudas que los habitantes de aquel pequeño pueblo tenían con su padre, casa por casa fue recorriendo una por una.
Hasta que llegó a la casa de un hombre cuya deuda pasaba demasiado, muchos intereses de por medio debido a que no podía pagar aquella deuda, llegó a un acuerdo con Vincent, dar a su única hija con el fin de que les perdone la vida.
El sin dudarlo acepto, era bueno tener algo de compañía, es así como Katherine paso a ser de su propiedad.
Sus hombres se encargaron de llevarla a la mansión de aquel hombre.
Solamente se podían escuchar maldiciones y gritos de aquella mujer, bajo hacia el sótano donde la tenía en una silla amarrada para que no pudiera escapar de ahí. La miro con atención, Vincent no podía creer lo hermosa que era aquella mujer.
Acercándose a ella solamente la miro de pies a cabeza.
—¿Sabes por qué estás aquí? Desde hoy tu vida me pertenece, espero sepas comportarte.
Katherine Wyndham
Katherine Wyndham
De pronto un pequeño ruido la hizo sobresaltarse, la puerta del sótano donde se encontraba encerrada se había abierto de golpe, escuchó los pasos acercándose por las escaleras, la castaña levantó la mirada de inmediato, y sus ojos se encontraron con los de aquel hombre que ahora se encontraba frente a ella, y por un instante Katherine se quedó en completo silencio, observo al hombre de pies a cabeza, no podía negar que ese hombre era atractivo, un poco mas de lo que había escuchado decir a su padre, mientras esos hombres la sacaban a rastras de su podría casa. Sus facciones eran marcadas, su mirada intimidante, pero había algo en su presencia que hacía difícil apartar los ojos, pero aquel pensamiento apenas duró unos segundos antes de que la realidad volviera a golpearla, la habían vendido y ese hombre frente a ella la había comprado como si se tratara de un siempre objeto sin valor.
Su mandíbula se tensó y su mirada se volvió desafiante, en el momento que había escuchado las palabras de ese hombre, mientras intentaba ocultar cualquier rastro de la impresión que había causado en ella.
—¿Que mi vida te pertenece? —repitió con incredulidad, soltando una pequeña risa amarga — Qué conveniente
Katherine tiró nuevamente de las cuerdas, aunque sabía que no conseguiría liberarse por más que ella lo quisiera
—No sé qué clase de hombre acepta como pago a una persona, pero supongo que no debería sorprenderme, después de todo, mi padre fue capaz de venderme para salvarse él mismo — al recordar esto una pequeña mueca se formó en su rostro, y las lágrimas en sus ojos amenazaban con salir nuevamente, pero no dejaría que eso pasara, no permitiría que ese hombre la viera vulnerable — Así que no esperes que vaya a comportarme de forma obediente solamente porque ahora dices que soy de tu propiedad
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