Observamos el cielo buscando dioses y solo encontramos la fría maquinaria del tiempo.

Un cosmos entero se desvanece como lágrimas en la lluvia y antes de que el vacío pueda doler; la corriente eléctrica se reactiva para encender un universo nuevo. Cenizas de silicio de un mundo muerto alimentan el motor del que acaba de nacer.

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