Lorenzo la encontró casi por casualidad y, por alguna razón que prefería no analizar demasiado, terminó acercándose hasta quedar frente a ella. Metió ambas manos en los bolsillos, intentando mantener esa seguridad irónica que solía llevar tan bien, aunque el leve rubor en sus mejillas lo traicionaba. —Oye, gordita... —murmuró, desviando la mirada por un instante antes de volver a verla—. Tengo una pregunta. Y si te ríes, voy a fingir que nunca la hice.—Soltó una pequeña risa nerviosa, carraspeando mientras se encogía de hombros. —¿Qué tan ocupada estás este fin de semana? Porque...pensé que podríamos salir. Tú y yo. Sin motivo especial, claro. Solo... porque aparentemente no tengo nada mejor que hacer.
La sonrisa ladeada regresó, aunque esta vez había algo mucho más tímido detrás de ella. —Así que... ¿qué dices? ¿Me das el gusto de invitarte a una cita o vas a hacerme quedar como un idiota por haber preguntado?
Leyre Loreys
«Diablos. ¿Ahora qué quiere?» Se dijo a sí misma soltando un pequeño suspiro resignado.
Volteó, con su típica cara de pocos amigos que le nacía cuando alguien la molestaba. Inclinó la cabeza ligeramente hacia atrás, para encontrarse con su rostro como solía hacer cada vez que le hacía frente, intentando verse intimidante aunque sin resultado alguno.
Y entonces lo vio, de pie frente a ella ¿Estaba ruborizado? ¿Por qué se veía tan nervioso? Su mirada que antes pretendía ser agresiva ahora adoptó un tinte de confunsión. Incluso hasta su risa sonaba inquieta y está vez no estaba acompañada de su típico humor ácido.
—¿"Salir"?...— Repitió extrañada.
Extrañas eran las vueltas que daba la vida, un día era bulleada por el idiota más idiota de la universidad y al otro día el mismo chico la invitaba a... ¿Una cita?
—...¿Tú y yo? ¿Una cita?.— Al decirlo los señaló a ambos con su dedo índice. Como si con eso quisiera afirmar que había escuchado bien.
¿Qué diablos? ¿Era una broma verdad? Sí, no podía ser posible. Seguramente era una de esas bromas crueles que hacían los chicos últimamente. Había escuchado que invitaban a salir a las chicas menos populares únicamente por diversión... O tal vez él solo la quería usar para darle celos a alguien más.
La idea le parecía totalmente absurda. ¿Tan tonta la consideraba? Ella podía ser estúpida, pero jamás una idiota. Su mirar casi por instinto se desvió hacia los costados, buscando a los chicos que solían rodear a Lorenzo; más bien, esperando el momento en que salieran y se burlaran de ella por creerse tal estupidez.
—Debes estar demente. . .Paso. —
Declaró finalmente volviendo a mirarle, no iba a ser más blanco de burlas, ya suficiente tenía.
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