La maldición dentro de mi.
Me dió una nueva vida.
Ella me ofrece su sangre voluntariamente. Aún sabiendo que la necesita, anhela sentir el éxtasis que el beso le produce, esa embriaguez que los humanos experimentan en este ritual. Muñeca de sangre, un término elegante que usamos para referirnos a quienes nos permiten alimentarnos de ellos. Así los hacemos llamar nosotros, los vástagos. O mejor conocidos por ellos, los kine, como vampiros.
Mis brazos la rodean con calidez y cuidado, sosteniéndola para evitar que se derrumbe al suelo por la debilidad de sus piernas tras haberla bebida.
Mi musa, querida, no sabes cuanto deseo que coexistamos con los tuyos y estoy convencido que algún día ese sueño se hará realidad.