El simple hecho o acto de ser infiel ya de por sí es una desgracia lo suficientemente grave como para ni siquiera considerar el perdón.
Aquellos que alguna vez han sido infieles y buscan el perdón de sus parejas no tienen en cuenta la profundidad del delito, del pecado, o de la grave falta que han cometido. Si han destruido la confianza que una vez se sembró, y pese a eso decides perdonarle, ¿Qué te garantiza que no lo volverá a hacer?
Perdonemos, porque no es sano vivir con rencor. Más recordemos que perdonar no es aceptar que quieran pasar por encima de nuestros estándares morales como humano. Perdonar no significa aceptar de nuevo.
Zoé Najwa Nimri
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Happiness in west coast
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