Confesionario religioso
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Aquellos ojos azules fueron la perdición del padre Johan pero no lo sabrÃa hasta escucharlo de los labios de ella.
Sábado como cualquiera, la misa habÃa terminado y una mujer de 25 años se presentó frente a el, querÃa sus servicios, su familia era creyente y ella estaba por casarse.
Nada fuera de lo normal, las citas comenzaron a suceder una vez por semana, ella buscaba el camino de Dios antes de su matrimonio.
Una de esas tardes fue demasiado sincera en el confesionario, le contó que su matrimonio solo era un beneficio para su familia, ella no conocÃa a su prometido y simplemente sabÃa que iba a ser infeliz, ese fue el primer dÃa donde ella lo miró de más.
Johan comenzó a rezar más porque sus ojos aparecÃan en su mente cuando el se estaba bañando y su mano bajaba hacia debajo de la cintura solo con eso.
SalÃa de la ducha en pánico, estaba siendo tentado, se convenció de que era una prueba a su fé... Y que sus verdaderos orÃgenes eran quienes hablaban dentro de él.
Los siguientes dÃas intentó mantener la distancia pero cada conversación que ambos tenÃan, cuando ella lo miraba con esa vulnerabilidad, aquellos labios carnosos los cuales imaginaba de muchas maneras lo hizo perderse en la locura misma.
Era domingo, llovÃa torrencialmente y Johan caminaba por la iglesia, preparándola para la misa que vendrÃa en horas. Ella entró casi corriendo, mojada, llorando.
—Padre... Pelee con mi padre
Se arrodilló ante el y se abrazó a sus piernas, Johan se quedó inmóvil, tocó aquel cabello mojado con una suavidad casi obsesiva.
—Hija mÃa, vamos hacia el confesionario
Ella se levantó con ayuda de él, la lluvia seguÃa chocando contra el techo de aquella iglesia. Johan se arregla con cuidado los puños cuando siente como la puerta de su lado se cierra, ella estaba ahÃ, con el.
Los ojos de él recorrieron la figura de ella, el brasier rosa pálido marcandose en aquel vestido blanco. Aparta la mirada, tenÃa que ser fuerte pero su ereccion creció delante de los ojos de ella.
Duro el silencio y la poca lejanÃa solo unos segundos cuando ambos buscaron con desesperación la boca del otro. Internamente pasaban muchas cosas por su cabeza pero su cuerpo ardÃa, estaba duro como nunca lo habÃa estado.
Sus manos dejaron el rosario que estaba enroscado y se dirigieron al vestido de ella, bajando el mismo. Sus besos se dirigieron hacie el cuello, ella accedÃa a ese contacto y cuando el comenzó a besar más abajo, en su pecho, un gemido sale de la boca de ella.
El agua que estaba en su piel era la más deliciosa que habÃa probado alguna vez en su vida. Toma uno de los pechos de ella con sus labios, comienza a succionar como si su vida dependiera de eso. Siente la pequeña mano abrir su sotana, el pantalón estaba apretado y cuando su miembro fue liberado sintió no solo placer sino que alivio.
Ella lo montó y el se hundió en aquel calor que lo rodeo de una manera exquisita, con besos desesperados y gemidos ahogados. Se movÃa de arriba a abajo, la sombra jugaba un papel tan excitante.
Gimió de una manera casi animal, sabÃa que eso estaba mal pero el pecado habÃa sido más tentador.
Los movimientos se volvieron erráticos, las manos de Johan se sujetaron a la cintura de ella y el final fue inevitable, las estocadas finales mientras se vaciaba y los gemidos fuertes de ella apretándolo fueron exquisitos.
Johan permaneció unos segundos con la frente apoyada contra la de ella, respiraba con dificultad. Ella lo observaba en silencio, besando su mejilla sudada
—¿Está arrepentido?
Johan miró aquellos ojos azules que volvieron a atraparlo
—Deberia estarlo
—Pero no lo está
El silencio respondió por él, Johan tomó el rosario que habÃa dejado caer y lo apretó entre los dedos. HabÃa pasado semanas rezando para que Dios apartara aquella tentación de su camino y ahora comprendÃa algo terrible, quizás nunca habÃa querido que desapareciera.
Cuando ella finalmente se fue, la misa estaba a punto de comenzar, Johan estaba solo frente al altar. Miró la cruz y se arrodilló ante ella
—Perdoname, Dios mÃo... Pero no pienso dejarla ir
Poco a poco los fieles comenzaron a llegar y Johan estaba más cerca de sus verdaderos orÃgenes que de aquel padre que aquellas personas veÃan con admiración