—¡Padre! ¡He venido desde España para asistir a una de sus misas!
—¿El párroco de su pueblo es mudo, signora?
—¡No! Pero no es tan guapo como usted.
—Creo que entró sin oír realmente la homilía, signora.
—¡Pero sí le puse atención! ¡Mire! ¡Hasta lo subí a Tiktok!
—. . .

Y pensar que, después de siglos, su primer batalla perdida sería contra una herramienta humana.

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