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ㅤㅤㅤㅤ레브 소벨은 어디에 있습니까?。
ㅤㅤㅤㅤ𝗪𝗵𝗲𝗿𝗲 𝘁𝗵𝗲 𝗵𝗲𝗹𝗹 𝗶𝘀 𝗟𝗲𝘃 𝗦𝗼𝗯𝗲𝗹?
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El clima lluvioso no era siempre de su agrado. No, no lo detestaba completamente, porque, cuando estaba en la cama bajo el calor de su núcleo, era bastante agradable. Sin embargo, ese día en especial, estaba sintiéndose realmente reacio al cielo grisáceo y al constante golpeteo contra el parabrisas.
Sus manos se aferraban al volante mientras la llamada por bluetooth se mantenía en la línea.
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—Jaewon, cálmate. Si no te tranquilizas es imposible que te entienda lo que me estás hablando.
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Tras el otro lado de la línea, su excuñado y colega hablaba en un muy rápido -y enojado- coreano, impidiéndole a Derek entenderle del todo, aunque fuera una de sus lenguas maternas. Luego de que el pelinegro pidiera un poco de tranquilidad, se logró escuchar un suspiro a través de los parlantes, y un par de segundos más tarde, volví a escuchar la voz ronca.
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—Necesito que llegues pronto a la disquera. Tenemos un problema, un muy grave problema. —Dijo, resaltando la palabra “muy”, como si hubiera sido escrito en negrilla.
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Derek pensó en cualquier cosa; fraude financiero, se habían desviado del presupuesto, no habían llegado a las ventas. Cualquier cosa que tuviera que ver con su rubro, menos lo que era en verdad.
Llegaba al sótano del edificio, estacionando la camioneta en el sitio asignado y corriendo hacia el elevador, literalmente, oprimía el botón del piso veinte en repetidas ocasiones, hasta que finalmente subía. Inquieto, con sus dedos moviéndose contra una de sus piernas, esperó. Era eterno, odiaba la incertidumbre, sobre todo porque pocas veces había escuchado a Jaewon tan alterado y preocupado, pero estaba a nada de enterarse de lo peor cuando las puertas se abrían y, al parecer, el pánico los estaba consumiendo a todos.
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—¿Qué carajo pasa?
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Cuando Derek descendió el elevador y caminó hasta Jaewon que se encontraba en medio de la sala de su oficina, con una mano en la boca y uno de sus pies moviéndose con insistencia, supo que algo no estaba bien. Y quizás, estaba más jodido de lo que esperaba.
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—Lev está desaparecido. —Dijo, mirando al pelinegro ahora a los ojos, sin quitar la mano de su boca, sosteniéndose el labio inferior con los dedos, tal vez tratando de disipar el estrés.
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Pero lo que nadie esperó fue que el azabache soltara una risa burlona, llevándose los dedos a la frente para peinarse hacia atrás.
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—Maldita sea, Jaewon. ¿Todo este teatro por eso? —el gerente cuestionó, caminando hacia el escritorio, disponiéndose a sentarse mientras negaba con la cabeza, como si hubiera sido una broma de mal gusto. —El tipo debe estar, no sé, cogiéndose a tres rubias y una pelirroja en su departamento, mientras ustedes están aquí entrando en pánico.
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Jaewon giró los ojos, como si la situación no fuera suficiente, ahora tenían que lidiar con la incredulidad de Derek.
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—Basta, estoy hablando en serio… No aparece. No ha aparecido en su conjunto residencial en una semana, no entran las llamadas a su teléfono, y su auto aún está aparcado donde siempre. Derek, no está siguiendo la rutina normal, y es preocupante. Te das cuenta que nuestro rapero estrella está desaparecido, y no podemos hacer un escándalo mediático, ¿no?
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La expresión del financiero cambió por completo.
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—¿Has hablado con mi hermana? Tal vez sabe algo.
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Jaewon negó con la cabeza, cruzando los brazos frente a su pecho, caminando hacia la ventana del edificio.
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—Mierda…
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Derek tomó su teléfono, digitando el número de su melliza, y luego de tres tonos, la voz femenina al lado contestaba. La pregunta, misma que le hicieron a él, se la transmitió a ella, pero era la común respuesta para la indagatoria.
Nadie sabía nada de Lev Sobel.
El tatuado cerró los ojos, llevándose las manos al rostro para así mostrar un gesto -ligeramente- desesperado, y luego volver a ponerse de pie en dirección a Jaewon.
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—Dek tampoco sabe nada. No debería por qué saber de él, de hecho.
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—Sí, completamente de acuerdo. Realmente nadie quiere tener que ver con el bastardo, pero por desgracia es el que más dinero nos hace recaudar y ahora nadie sabe nada. No se me haría sorpresa que el imbécil esté en la cajuela del auto de alguien a quien le debe dinero o algo así… Maldita sea. —Dijo, chistando con la lengua para después darle una palmada a la pared más cercana, girándose sobre sus talones para empezar a caminar por la oficina de Derek con desespero, mientras las asistentes -una financiera y otra de producción- se sobresaltaban.
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—Cálmate… Encontraremos la manera de ver qué está pasando. —Se giró entonces hacia su asistente. —Yuna, comunícate con el área legal y de seguridad, ellos ya deben estar al tanto de la situación. Que nada, en serio, nada de esto se divulgue en redes ni en algún medio. Prepara NDA’s para todas las áreas. —sonaba seguro, pero preocupado. Yuna asintió y se retiró de la oficina junto con la otra asistente.
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El hecho de que estuviera pidiendo acuerdos de confidencialidad significaba que iba en serio. No solo a nivel financiero, ahora tocaba la reputación de la empresa, el nombre de Lev Sobel a nivel global, y, sobre todo, el gran furor que se podría armar entre sus fans al saber que su “amado” y “preciado” ídolo se había esfumado de la faz de la tierra sin rastro alguno.
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—¿No hay cámaras de seguridad? Algo.
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—Si el bastardo quiso desaparecer por cuenta propia lo hizo bastante bien. Si lo secuestraron, los malditos saben lo que hacen. No hay nada, Derek. Es como si se lo hubiera tragado la tierra.
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Y entonces la pregunta se hacía cada vez más grande. La desgraciada incógnita era: ¿Dónde mierda estaba Lev Sobel?