PUNTO DÉBIL.
Disclaimer: EXPLÍCITO.
#agnosiaerotismo #puntodebil
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⠀⠀ㅤㅤ⠀ㅤㅤ“ I wanna fuck You like an animal, my whole existence is flawed... ”
Ozzy Osbourne suena por los altos parlantes y un poco más cerca el chocar del cristal de las botellas de cerveza entre sí cuando algunos intercambian conversación.
Roxanne se encuentra, por primera vez en mucho tiempo cerca de su amor platónico. Dante la observa a ella mientras intercambian opiniones sobre algunos videojuegos. Dante es amable, y ella sabe que no se trata de coqueteo, pero lo que tiene de amable lo tiene de encantador y a Roxanne se le mojan las bragas solo de escuchar su voz. Esa maldita voz.
Lástima que tenga novia.
En algún momento de la noche la cerveza se acaba y Roxy se ofrece a traer más. Necesita con urgencia aire frío para bajar la temperatura de su cuerpo. Dante se ofrece a acompañarla.
Mierda.
Van en su Skyline; él conduce. Y no se puede ver más putamente sexy. Debe ser la cerveza, sí, es eso. ¿O simplemente saber que están a solas y que ese hombre la calienta solo con su presencia?
El viaje se vuelve largo, se toman su tiempo para platicar un poco más, bromear y comprar algunas cosas más para llevar. Eso mantiene distraída la mente de la italiana. Lo suficiente para que se olvide de su calentura un rato.
Entonces regresan a la casa del anfitrión y Dante le sostiene la espalda. Y frota con suavidad. Eso termina de romperle todas las barreras a Roxy. Esa caricia que le brindó en la espalda le disparó un escalofrío tal cual si un rayo la hubiese golpeado. El frío que recorrió su espinal dorsal y recorrió su cuerpo entero terminó en un cosquilleo intenso en la entrepierna.
Ya no pudo levantar los muros de su distracción. Ahora cada vez que se movía o él le rozaba la piel se mojaba más. Trataba de mantenerse apartada, cambiando de tema constantemente pero ahora... Ahora Dante le miraba los labios insistentemente, buscaba más cercanía.
Mierda.
La noche continuó transcurriendo. La música cambió gradualmente. Y poco a poco comenzaron a retirarse.
Cuando llegó el momento de que la pelinegra se retirara, el mismo azabache fue quien se ofreció a llevarla.
Estás en una zona de peligro.
Se repetía constantemente. El camino le pareció eterno, porque suprimía el deseo de lanzarse a besarlo.
Su voz le resonaba potentemente en los oídos y, carajo, le dolía el clítoris de lo hinchado que lo sentía. Cuando bajó, Dante le abrió la puerta y una vez más le acarició la espalda. De no ser porque sabía perfectamente que estaba en una relación, poco le habría importado dónde estaban, lo hubiese montado ahí mismo. Pero se despidió. Con un beso MUY cercano a los labios por parte del hombre. Y terminó de derretirla.
La ducha no fue suficiente. Por más que el agua fría le recorriese el cuerpo, la excitación seguía presente.
Pronto pasó de terminar de enjabonar su cuerpo a acariciarse. Primero la cintura, después el vientre. Una mano subió hasta sus senos, con el rostro del hombre presente en sus pensamientos.
Deseando que fuesen esas manos masculinas y ásperas por el trabajo del taller las que la acariciaran. La mano restante, la izquierda, bajó a su entrepierna.
Gimió por inercia, al tocar el sensible botón erecto y caliente que palpitaba necesitado de atención. La sensación de la mano ajena recorriendo su espalda le provocó un escalofrío más al mismo tiempo que su índice y dedo medio comenzaban a frotar de forma circular aquella zona. Presionaba lo justo para que ese cosquilleo se expandiera. Y pronto el movimiento fue más rápido. De sus labios escapaban jadeos ansiosos, necesitados.
Su cuerpo pedía a gritos las caricias de aquel hombre recibiendo el consuelo de las manos propias. Y entonces, justo cuando la voz masculina resonó en su memoria repitiendo su nombre, se corrió. Con ganas. Sus piernas temblaron y tuvo que sostenerse de la pared mas próxima para evitar ceder.
— Con una mierda... — masculló entre dientes, agitada. Se sentía mal por desear a un hombre ajeno. Pero puta madre que deseaba con todo su ser poder sentirlo, aunque sea, una vez.
Pero al menos ahora, su cuerpo había descargado ese deseo contenido que una simple caricia a su punto más débil, ocasionó.