Estaba de rodillas ante su cama, el rosario en sus manos mientras las oraciones salían de su boca una y otra vez. Estaba concentrado, la oración lo alejaba de aquel día que había tenido, estaba frustrado, todo parecía salirle mal. Mientras más rezaba aquella voz que lo perseguía desde los cinco años le susurraba...
—Su-ho
Sus ojos se cerraron fuerte, rezaba rápido para alejarse de esa voz. Era lo único que tenía de su padre, eso y la cara. Su padre era uno de los hombres más peligrosos de todo Corea del Sur y sin embargo recordaba su voz rota, como si dejarlo irse le doliera ¿Acaso ese hombre tenía corazón? ¿Ese hombre quería algo más que no fuera el dinero? Aquel prestigioso policía convertido en el jefe de un juego espantoso
—Su-ho...
Ese nombre, aquel que había dejado desde que se fue de Corea del Sur. Dolía, su pasado parecía cada vez más cerca de él a medida que averiguaba cosas.
—Padre Johan, lo necesitamos aquí
—Enseguida
Sus oraciones se detuvieron al igual que aquel susurro que lo volvía loco.