Rin Gojo (Geto) tenía dieciséis años y, para todos los que lo conocían en la escuela de hechicería de Tokio, era simplemente el misterioso muchacho que Satoru Gojo había llevado consigo, aunque nadie podía negar que había algo extraño en él; Rin era, en realidad, hijo de Satoru Gojo y Suguru Geto, los dos hechiceros más fuertes, profesores en Tokio y, al mismo tiempo, los dolores de cabeza constantes del consejo, pero su nacimiento jamás había sido un descuido, un accidente ni un experimento, sino algo que ambos habían anhelado profundamente y que Rin sabía desde pequeño, pues conocía perfectamente la verdad sobre sus padres y sabía cuánto habían deseado tenerlo.

Cuando el vientre de Suguru comenzó a crecer, su existencia tuvo que mantenerse en secreto y ambos hicieron todo lo posible para protegerlo de los clanes y del consejo, pero su crianza fue, dentro de lo que podían permitir las circunstancias, sorprendentemente normal, llena de cariño, pequeñas discusiones familiares, momentos tranquilos y recuerdos que Rin conservaba con especial cuidado, hasta que finalmente llegó el día en que entró a la escuela.

Cumplió 16, dónde sus padres festejaron y él se divirtió tanto como nunca, como siempre debía ser. Los amaba a ambos.

Sus maestros —Itadori Yuuji, Megumi Fushiguro, Nobara Kugisaki, Toge Inumaki, Maki Zenin y Yuuta Okkotsu— se encargaban de él tanto como del resto, entrenándolo, vigilándolo y preocupándose por su bienestar, aunque ninguno conocía la verdad de su origen; todos habían supuesto que, al igual que en el caso de Megumi, Gojo lo había adoptado para liberarlo de algún clan que seguramente pretendía reclamarlo, y durante mucho tiempo aquella explicación había sido suficiente... hasta que comenzaron a aparecer pequeñas dudas.

Porque, aunque nadie podía señalar exactamente qué era lo extraño, Rin era demasiado cercano a Satoru y Suguru para ser simplemente un hijo adoptivo. No se trataba únicamente de la confianza que tenía con Gojo, ni de la familiaridad con la que hablaba de ciertas cosas; era la forma en que los miraba, la manera en que conocía sus gestos, ciertas palabras que utilizaba sin darse cuenta y aquella tranquilidad desconcertante que aparecía cada vez que alguien mencionaba a Suguru, como si Rin hubiera conocido aquella parte de su vida mucho antes de que nadie pudiera explicársela. La duda era pequeña, casi insignificante, pero estaba allí: ¿por qué parecía quererlos y conocerlos de una manera tan profunda si solo era adoptivo? Y cuanto más observaban, más preguntas surgían.

Sus poderes tampoco ayudaban; todavía estaban en descubrimiento, manifestándose de maneras que incluso Rin prefería no explicar, y algunas de sus habilidades parecían demasiado familiares, aunque nadie lograba determinar por qué. Rin, por supuesto, sabía exactamente qué estaba ocurriendo y hacía todo lo posible por mantener la verdad enterrada; no quería que nadie supiera que era del Gojo y un pequeño clan Geto, que había sido amado y esperado desde antes de nacer, ni que la cercanía que tanto desconcertaba a sus maestros no era una casualidad. Cuando le preguntaban, Rin simplemente sonreía, cambiaba de tema o respondía lo suficiente para que la conversación muriera allí, dejando a los demás con más dudas que antes. No mentía de manera evidente; simplemente nunca decía toda la verdad. Y quizá eso era lo que más inquietaba a quienes lo rodeaban. Porque ahora comenzaban a preguntarse si la historia del niño adoptado por Gojo era realmente cierta o si había algo mucho más grande escondido detrás de aquel apellido.

Rin esperaba que nadie descubriera nada, que sus poderes permanecieran bajo control y, sobre todo, que no tuviera que ver demasiados corazones romperse cuando la verdad finalmente saliera a la luz; porque mientras todos intentaban descifrarlo, él continuaba caminando entre ellos con una sonrisa tranquila, sabiendo perfectamente la respuesta a aquella pequeña pregunta que comenzaba a crecer en la mente de sus maestros: si Rin era solamente el hijo adoptivo de Satoru Gojo... entonces

¿Por qué Satoru y Suguru metían las manos al fuego por él, casi como sus vidas?

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Septiembre Amarillo - Tu Vida Importa