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ㅤㅤㅤㅤㅤ─── ✧. ㅤ新しい 歴史
ㅤ ㅤㅤ ㅤ﹙007﹚› 𝗵𝗲𝗮𝗱𝗰𝗮𝗻𝗼𝗻 𝗉𝗈𝗌𝗍 !
ㅤ ㅤㅤㅤ 人物ㅤ:ㅤ #sirius_black
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ㅤㅤㅤㅤㅤ ᠁ 𝚌𝚊𝚕𝚕𝚎𝚓𝚘́𝚗 𝚍𝚒𝚊𝚐𝚘𝚗
ㅤㅤㅤㅤㅤ 𝚊𝚐𝚘𝚜𝚝𝚘 𝟷𝟼, 𝟷𝟿𝟽𝟷
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Rara vez, por no decir nunca, Sirius Black se encontraba despierto a las seis de la mañana.
¿La razón? Fácil. Durante la cena, su padre había anunciado que irían a comprar los materiales de Sirius para su primer año escolar en Hogwarts a primera hora de la mañana. Desde entonces, la emoción se había instalado en su pecho y se había negado a dejarlo dormir.
Estaba emocionado por tener una nueva escoba, por supuesto, había pasado semanas imaginando cuál elegiría y lo rápido que podría volar con ella, pero había algo que le hacía mirar el reloj una y otra vez, incapaz de apartar la vista de las manecillas: su primera varita.
Al no poder permanecer más tiempo en su cama, el ojigris se levantó y caminó hacia la ventana, apartó ligeramente la cortina y observó la calle todavía vacía, sumida en el silencio de las primeras horas de la mañana, mientras el cielo comenzaba a abandonar poco a poco la oscuridad de la noche para teñirse de tonos anaranjado y amarillos. Apoyó una mano contra el cristal y deseó, por enésima vez, que el tiempo avanzara más rápido.
Cuando los primeros rayos de luz atravesaron su ventana, Sirius ya se encontraba cambiado. Llevaba un pantalón negro y una camisa blanca, con las mangas arremangadas hasta los codos, se miró al espejo una última vez, acomodándose el cabello y asegurándose de no darle a su madre ninguna razón para regañarlo, pues lo último que quería era que un sermón retrasara la compra de su varita.
Sin pensarlo dos veces, salió de su habitación y corrió hasta la de su hermano para comprobar si el menor ya estaba despierto.
───¡Reggie! ¡Reggie! ───exclamó mientras saltaba sobre el menor, que todavía seguía acostado, y comenzó a zarandearlo. ───¡Despierta! ¡Es hoy! ¡Hoy tendré mi varita!
La emoción era demasiada como para preocuparse mucho por el volumen de su voz, al fin y al cabo, sus padres ya estaban despiertos y probablemente se encontraban en el comedor esperando por ellos.
───¡Sirius! Quítate de encima, pesas demasiado.
───Oh, lo siento ───se hizo a un lado y se puso de pie de un salto. ───Hoy iremos a comprar mi varita después del desayuno, así que apúrate a cambiarte, enano.
Sin esperar una respuesta, abandonó la habitación casi tan rápido como había entrado y bajó las escales a toda prisa para desayunar, incapaz de contener la sonrisa que se había instalado en su rostro. Por fin, después de tantoa años imaginándolo, aquel día había llegado.
Exactamente dos horas después del desayuno, la familia Black se encontraba en el Callejón Diagon. El lugar estaba mucho más concurrido que la silenciosa calle que Sirius había observado desde su ventana aquella mañana. Había brujas y majos entrando y saliendo de las tiendas, niños corriendo de un lado a otro y escaparates repletos de objetos que conseguían despertar su curiosidad a cada paso.
Sirius cargaba un par de bolsas con las cosas que ya habían comprado, aunque apenas prestaba atención a su contenido. Sus ojos estaban puestos en los letreros de las tiendas, hasta que finalmente lo vio. Ollivanders. Se detuvo frente a la entrada y contempló el viejo establecimiento durante unos segundos, como si cruzar aquella puerta fuera a convertir todo aquello en algo real.
Su madre fue la primera en entrar, Sirius la siguió inmediatamente.
───Ah... ───la voz del dueño rompió el silencio. ───El joven Sirius Black viene por su primera varita.
Sirius levantó la vista hacia el mostrador cuando el dueño hizo acto de presencia. No le sorprendió que conociera su nombre; después de todo, los Black eran una familia bastante conocida dentro de la comunidad mágica. Aun así, una pequeña sonrisa apareció en sus labios poco y se acercó al mostrador.
— ¡Si! Estoy aquí por mi varita.
───Veamos… ───murmuró el hombre de cabellos blancos antes de desaparecer entre los interminables estantes. Dos minutos después regresó con dos cajas alargadas entre las manos. ───Madera de arce, núcleo de pluma de fénix, veintiséis centímetros, semiflexible. ───explicó mientras sacaba una de las varitas y se la extendía al ojigris.
Sirius la tomó sin dudarlo, conteniendo el aliento por unos segundos. Apuntó hacia una taza con un poco de café que descansaba sobre el mostrador y agitó la varita, tal como había visto hacer a otros magos. Al segundo siguiente, la taza explotó en pequeños pedazos, el café salpicó el mostrador y varias gotas cayeron en su mano. Sirius se quedó quieto por un instante, intentando contener la risa. No quiso voltear a ver a su madre, los gritos que escucharía serían suficiente indicio de que a ella también le habían caído algunas gotas.
Con una sonrisa que apenas podía contener, devolvió la varita.
───Parece que no es la indicada.
───Eso parece ───respondió el hombre, sin mostrar sorpresa alguna. ───Probemos con esta ───tomó la segunda caja y sacó una nueva varita. ───Madera de roble inglés, fibra de corazón de dragón, veintiocho centímetros, rígida.
Sirius extendió la mano y la tomó. Esta vez fue diferente, apenas sus dedos rodearon la empuñadura, una extraña calidez recorrió las puntas de sus dedos y se extendío por todo su brazo. No era como el calor del fuego ni como el de una taza recién servida, era algo distinto, una sensación difícil de explicar, como si aquella varita hubiese estado esperándolo tanto como él había esperado encontrarla. Sirius abrió los ojos ligeramente. Lo sabía, aquella era su varita.