La ha estado viendo un tiempo, esperaba que no fuera al menos en este momento recíproco o la sorpresa se arruinaría pero cuando menos se lo espere ella iba a trabajar.
Se había puesto detrás de ella, pegó su pecho a la espalda de la castaña metiendo las manos por la blusa de esta última, subió por su abdomen tocando con la yema de sus dedos la piel descubierta por su atrevimiento y aprovechando que Willa nunca usaba bra.
— Que suaves. — Le dice a su oído en un susurro lento.
Apretó con descaro esos pechos, los masajeo en un movimiento circular irregular pues era su bienvenida.
Cassandra Vance
Sintió unas manos colsrse bajo la blusa, su espalda se puso recta. La única que tenía permiso era ella y volteó tanto como pudo; sonrió al verla y sintió cuando por fin llegó a sus pechos.
—Gracias, cielo.
Le respondió con suavidad dejándose hacer. Alcanzó a acariciar su cabeza pidiendo que acercara su rostro al suyo. Susurrándole lo preciosa que era.
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Dandelion Warren Mille
Y acercó su rostro, hizo un ligero moviendo para restregar su nariz en la mejilla de Will. Tenía una sonrisa casi de oreja a oreja mientras jugaba aún con ella.
— Te noto algo tensa, ¿Es muy difícil?
Preguntó atenta a sus palabras pero con sus manos en esos pechos que la volvían loca, tan así que ya estaba apretando entre sus dedos esos pezones, los buscaba estimular buscando que se endurecieran, para hacerle saber que hacía un buen trabajo. Agregándose a eso, empezó a dejar pequeños pero concentrados besos en su nuca, lamidas en la extensión de su piel, un par de mordidas más. Era su regalo por ser tan lista.
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Cassandra Vance
—Está... algo difícil —afirmó suspirando un poco más obvio —. Si eres tú, obvio que... acepto el descanso.
Las manos de la morena fueron a las piernas de su pelirroja, acariciando con gusto, con cariño y deseo por ella y solo ella.
Poco a poco logró dar con ese espacio tan precioso entre sus piernas e iba tanteando con caricias y rozando sus uñas suave y despacio. Estar tan cerca era una ayuda.
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Dandelion Warren Mille
— ¿Quieres que te ayude a estudiar?
Pero justo ahora, justo en ese momento tenía que ayudarle con cierto favor, ofrecerle sus pechos como si fueran una ofrenda para poder dejarla estudiar. Había algo único en ese deseo.
— Uy, ¿Qué haces, Cassie? — Susurra en su oído, justo detrás del lóbulo el cual empezó a usar, a poner su lengua y restregando está en su piel mientras aún atendía sus pechos, mientras enroscaba con la yema del índice, el medio y el pulgar esos pezones, los tiraba hacia el frente, los masajeaba después de hacerlos arder ligeramente.
Se sabía que siempre había una lucha de poder, que la morena no se dejaba follar sin antes intentar algo y el jadeo que salió de la pelirroja era la prueba de que esos toques entre sus piernas funcionaban.
— Deja tus libros... Vamos a la habitación.
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Cassandra Vance
Quiso hablar, pero no lograba coordinar más que el toqueteo que le tenía logrando un poco de humedad en ella al presionar y rozar cambiando la forma de presionar.
Se volteó, la tomó del rostro como pudo y besó sus labios. Lo hizo suave, pero con necesidad, la presión a los de Dande siguió tomando su labio superior, luego el inferior, dejando que el sonido fuera obvio.
—Vamos... —dijo por fin levantándose, tomándola de las manos para irse con ella. No sin antes dejarle besos en todo el rostro.
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Dandelion Warren Mille
— Compré un par de juguetes, los que me contaste... Así podría... Ya sabes.
Pero no mencionó nada más. La llevó por el pasillo, hasta donde la habitación y si, la roja abrió la puerta, se puso aún costado para que su morena entrase, lo tiene que admitir, estaba a la espectativa. A una que inevitablemente parecía conducir a un nirvana de placer, donde solo existirían ellas.
— Se que vas a disfrutar mucho cuando los use para cogerte.
Sus palabras, la concepción de sus ideas nada tenían que ver con ese rostro angelical que ahora la estaba atrayendo a la habitación, entre cuatro paredes, una enorme cama y en ella, cajas de juguetes sexuales, aquel dildo y el arnés. Y un pequeño vibrador, todos para usarse en Cassandra.
— Para que saques buenas notas. — Y carajo, admite que se está conteniendo solo por ver la expresión de su novia.
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Cassandra Vance
Una vez en la habitación, cerró porque no quería ninguna interrupción. Se acercó a ver las cajas y luego volvió con Dande dándole besos en los labios.
—Qué divina, en serio...
Destapó las cajas, revisó todo. Incluso los colores, morado y negro. Atención al detalle, colores favoritos. Cass se rió, pero volvió a besarla cada vez más animada por las ideas que cruzaban en su mente.
—Me ayudarás a aprobar, no tengo ninguna duda.
Aseguró dejando todo sobre la cama. Se quedó con Dande acariciando su cuerpo, su cabello. Besándola susve en los labios y bajando despacio por sus mejillas hasta su cuello y clavículas. Siempre agregaba un espacio tierno para que supiera y confirmaran que era la única para Cass.
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Dandelion Warren Mille
— Es tu recompensa por ser tan estudiosa y lista. — Alcanzó a decir antes de comerse la boquita de Cass, abriendo los labios para atraparla, para moverse con desesperación en esos labios en besos húmedos, en chasqueos cada vez que era correspondida.
— Puedes besarme el cuello pero hoy, me toca a mí acariciarte el útero... Llenarte toda. — No fue un reto, no fue una invitación, era un aviso de lo que le iba a hacer pues mientras la tenía concentrada en ella, la mano de la roja buscó tomar el consolador morado semi transparente, se lo enseñó, ella mismo beso la punta.
— Pero primero... — Lo dejó en el regazo propio, rozando los muslos de su pareja pues su objetivo está vez era diferente: Tomó el filo de la blusa empezando a levantarla, esperaba que le ayudará pues ya estaba viendo esos pechos, agradecía con un suspiro cargado de deseo, verla sin bra era siempre un deleite tanto como para buscar besarle el cuello, morderle la piel, bajar por su clavícula y con sus manos tocar esas tetas. Masajearlos como antes, con devoción que solo tenía por ella.
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Cassandra Vance
Cómo quedó sentada sobre su regazo, buscó momentos para pegarse al rostro de la pelirroja y sacarse la blusa después dejándole sus senos a su disposición.
Sus manos acomodaban el cabello rojizo, pasaban por sus hombros y brazos dejándose hacer sin poder quitarle la vista de encima.
—Me gusta la recompensa que me das, por eso mantengo la beca. —Le dio un beso. —En serio eres tan preciosa, ¿qué habré hecho para merecerte?
Le sonrió, besó su rostro, sus labios, incluso su cuello y hombros dejando que Dandelion acomodara el juguete. Cas era paciente cuando ella no le contaba sus ideas, pero se las seguía gustosa para luego ser quien jugara con su pelirroja.
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Dandelion Warren Mille
— Para empezar me dejaste meterte los dedos bien adentro y ponerte en cuatro, eso me hizo quedarme. — Se burló con jugueteó romántico, con esa vulgaridad que contrarresta totalmente el rostro y porte de ángel de Dandelion.
— Y vamos a repetir algo así. — Susurra en sus labios con intención de bajar, con la necesidad de tocar su cuello, pasar la punta de la lengua por la extensión de su barbilla y más abajo, morder y chupar la piel, tocar su clavícula, jalarla a su pecho al atraerla desde sus nalgas, tocarle esa entrada anal, ya podría también hacerse esa idea. A dónde iban a terminar los juguetes.
— Pero primero... Vamos a quitarte algo de estrés. — Susurra dejando un hilo de voz coqueto mientras abrió la boca, alzó la mirada pues esos ojos claros y azules se aseguraron de que ella viese como tomaba sus pezones en su boca, primero el izquierdo, el cual succionó con hambre, como sí pudiera beber de ella. Había algo que era verdad, quería volverla loca con esos juegos.
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Cassandra Vance
Los ojos azules viéndola mientras su boca tomaba de su pecho izquierdo la hizo moderse el labio mientras sus manos ya habían bajado y entre caricias le empezaron a subir la blusa.
—Recuerdo... sí... Me gusta la idea.
Respondió porque Dande sabía como usar su boca y estimularla. Sus pechos ersn bastante sensibles por ella, solo para ella. Aunque la tuvo que mover para quitarle las prendas quedando iguales.
—Ya esa mente se ideó algo maquiavélico.
Sentenció, tomándole un momento para besar sus labios con necesidad, había esperado mucho por eso.
Se bajó de la cama y del regazo de ella para quitarse esos pantalones cortos y dejar ver las bragas que sí, eran en color negro, pero esta vez un encaje en casi toda la pieza.
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